¿Te quiero a ti o a quien quiero que seas?

¿Te quiero a ti o a quien quiero que seas?

 

¡Despertemos ya!, tal vez esa sea la persona con la que quieres compartir el resto de tu vida, pero no se trata de un hechizo ni del resultado de la alineación de los planetas para que tú tengas al hombre o a la mujer perfecta, no es tu alma gemela porque simplemente es otra persona, como persona no es perfecta y recuerda que es distinta a ti por tanto piensa diferente a ti y tiene gustos e intereses diferentes a los tuyos (al menos algunos).

Cuando alguien nos enamora, la idealizamos, todo en el/ella es positivo y los “pequeñísimos”  defectos que pueda tener son prácticamente imperceptibles a nuestros ojos, pero (siempre lo hay) esos “minúsculos” defectos, con el tiempo empiezan a hacerse más y más grandes y empiezan a ser motivo de discusión (“te maquillas demasiado” “tanta simpatía confunde a los hombres” “otra vez te vas a ver el futbol” “nunca quieres salir”…)

Es entonces cuando ocurre el error de desear que nuestra pareja se comporte de forma distinta, que sea una persona distinta, y esto implica que debe  abandonar parte de su personalidad para encajar mejor con la nuestra. Hay quienes constantemente desean cambiar cosas de su pareja, critican y “sugieren” qué debería hacer o cómo debería comportarse. En casos extremos, se trata de personas poco tolerantes y autoritarias que pretenden coartar la libertad del otro porque su conducta no se ajusta a su criterio.

¿Por qué gastamos tanta energía en cambiar a alguien? Intentar modelar a alguien a nuestro gusto es un comportamiento cruel, decimos amar a alguien por quién es y luego intentamos hacer todo lo que podamos para cambiarlo cada día un poco más. Estar con una persona para hacer de ella nuestro proyecto de hombre/mujer ideal es un tremendo fracaso, elegimos a nuestro compañero por quien es, y no por quien podría llegar a ser con nuestra ayuda, lo más importante en una relación es respetar al otro y aceptarlo como es, con sus virtudes y sus defectos.

La desembocadura más que probable es que ambos caeremos en la frustración, uno por desear cambiar al otro y fracasar una y otra vez, el otro por no ser capaz de encajar en los cánones que insistentemente quieren imponerle. Básicamente, los dos sufrimos y nadie puede salir ganando de una situación así. Sin embargo, este deseo de querer cambiar algún aspecto del otro se produce en casi todas las parejas: formas de vestir, palabras que no deben decir, codazos disimulados y pataditas por debajo de la mesa…

Evidentemente no estamos hablando de determinados comportamientos que podrían estar perjudicando a nuestra pareja (malos hábitos de consumo, mala actitud con otras personas o con nosotros, despreocupación por el trabajo…) O intentar  (sin obligar) que tenga las mismas aficiones que nosotros para compartir momentos de ocio juntos, etc.

Obviamente no estoy diciendo que no podamos actuar ante un comportamiento en particular  que nos hiera, en ese caso la solución está en hablarlo, no exigiendo. Debemos caer en la cuenta de que  como dije antes nadie es perfecto y todos tenemos aspectos que mejorar y nadie mejor que nuestra pareja para hacernos conscientes de ello, sin embargo, si decidimos cambiar debe ser por propia voluntad y no para evitar eternos conflictos.

Pensar en que el otro se va a convertir en lo que nosotros queremos si insistimos en ello es un grave error, eso no ocurrirá, muchas veces pasa que nuestra pareja finge para complacernos o para evitar conflictos, pero seamos realistas, la mentira no puede ser sostenida por demasiado tiempo, es imposible fingir constantemente ser quien no se es, y piensa que su salud emocional y su autoestima pueden estar siendo dañadas por esta razón.

Si todo lo que hace tu pareja te molesta, a lo mejor el problema no está en ella sino en ti, puede que ya no sientas nada por esa persona o que simplemente estés cansado, si es el caso no tiene sentido seguir sufriendo los dos.

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