Critican en ti lo que no les gusta de sí mismos

criticas

 

Así como todos somos admirables en alguna medida, todos somos criticables también. Si le buscas defectos morales a San Francisco de Asís, seguro los encuentras. Si le buscas salidas tontas a Albert Einstein, de seguro también se las encontrarás.

Ahí está precisamente la clave del asunto: cada quien ELIGE qué ver y qué no ver en los demás. Generalmente esa elección está asociada a la forma como la persona que evalúa se percibe a sí misma. O sea: si se aprecia y rescata lo bueno de sí mismo, también verá lo bueno en los demás. Y al contrario.

Lo que sucede en el fondo es que las fallas de los demás, de manera inconsciente, les recuerdan sus propias fallas. No toleran en los demás lo que no toleran en sí mismos. O, en otras palabras, proyectan en los demás sus propias fallas, para no sufrir la herida narcisista de reconocerlas en ellos mismos.

La crítica por la crítica misma, casi siempre entraña una proyección. O sea, es muy usual que se critique a los demás por ser los portadores de rasgos que no nos gustan de nosotros mismos. Pero no lo hacemos adrede, simplemente no hemos hecho consciente que esto nos ocurre.

Vale la pena que estemos atentos a aquello que no soportamos de los otros. Si agudizamos nuestra observación, probablemente nos daremos cuenta de que esa intolerancia habla más de nosotros mismos que de los demás.

De la misma manera, cuando somos criticados no debemos tragar entero. Sería aconsejable que pensáramos en por qué esa persona eligió ver ese elemento negativo de nosotros. Es muy probable que lleguemos a la conclusión de que su crítica, en realidad, apunta hacia un territorio oculto de ellos mismos, y no hacia nuestra conducta.

Somos más fuertes de lo que creemos

 

La vida nos pone a prueba. Ahora más que nunca estamos viviendo una situación inaudita, el mundo se enfrenta a una crisis que requiere de cada uno de nosotros nuestras mejores capacidades. Situaciones de gran estrés, dolor e incertidumbre como la que actualmente estamos sufriendo, o como pueden ser una ruptura de pareja, la muerte de un ser querido o los problemas económicos, provocan en las personas sensaciones de miedo y ansiedad similares a las que puede experimentar un profesional que ve pasar los meses sin conseguir trabajo.

Es entonces cuando hay que echar mano de la RESILIENCIA, un concepto ahora muy en boga, y que no es más, que la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. En psicología consideran que no solo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas, sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.

Ante una situación extrema tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.

La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. Las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

La resiliencia no es una cualidad innata, es algo que todos podemos desarrollar a lo largo de la vida. Los hay que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo a seguir, mientras que otras personas han encontrado el camino de la resiliencia por sí solas. De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas.

Apreciar tu propio compañía ¿Sabes estar solo?

 

Soledad. Esta palabra no nos deja indiferentes. Para unos, la soledad se asocia con sentimientos de aislamiento, aburrimiento, tristeza, desilusión, dolor… Para otros, en cambio, la soledad se relaciona con tranquilidad, conexión con el entorno o con uno mismo, reflexión… Del mismo modo que el mismo alimento entusiasma a unos y desagrada a otros, la soledad también puede generar emociones muy distintas, que dependerán de la historia de aprendizaje vital que tengamos cada uno de nosotros. Historia que vamos cambiando y ampliando con cada paso que damos.

El ser humano es un ser eminentemente social. Necesitamos la cooperación con otras personas para sobrevivir, desarrollarnos, aprender, entretenernos, etc. y esto es especialmente cierto en una sociedad tan interconectada como la nuestra. Por ello, aprender a desarrollar y mantener relaciones con otras personas y disfrutar de ellas resulta esencial.

Al mismo tiempo, debemos reconocer que nuestra sociedad actual se caracteriza por un estilo de vida más individualista que el que ha predominado en otras épocas o culturas. Cada vez más personas viven solas o, al menos, tienen una habitación individual. Existen muchos puestos laborales en los que la relación con otras personas es mínima (pensemos por ejemplo en los típicos cubículos de oficina) y los desplazamientos al trabajo son largos y solitarios. El ocio también ha adquirido un carácter más individual (p. ej., televisor u ordenador personal en el cuarto, juegos de ordenador para un solo jugador o para multijugadores que se conectan a distancia, navegación por Internet…).

Este hecho gustará más a unas personas que a otras, pero lo que resulta claro es que si la soledad forma parte de nuestras vidas es importante que aprendamos no solo a asumirla y a gestionarla sino también a disfrutarla. Sin embargo, para muchas personas estos momentos en soledad resultan angustiosos o les pesan como una losa.

¿Qué consecuencias tiene no saber estar solo?

  • Evitar la soledad a cualquier precio, a veces con un gran coste personal. Así, por ejemplo, muchas personas sobrecargan su agenda de planes de todo tipo (o se quedan hasta tarde en la oficina) con el fin de pasar el menor tiempo posible en su casa, ya sea al volver del trabajo o durante el fin de semana. Este tipo de comportamientos, pese a que suele recibir bastante aprobación social, a la larga pueden acabar pasándonos factura, ya que acabamos agotados o estresados, hacemos planes que no nos gustan, gastamos más dinero del que podemos permitirnos, no dedicamos tiempo a otras cosas que tenemos que hacer (p. ej., estudiar en casa), etc.
  • Angustiarnos cuando estamos solos: Habrá ocasiones en las que no nos quede más remedio que quedarnos en casa o en alguna situación solitaria (p. ej., cuando me cancelan los planes a última hora, si me pongo enfermo, si estoy esperando a alguien en la calle…). Si no tengo experiencia en este tipo de situaciones es probable que me sienta “raro” y que incluso me llegue a resultar muy incómodo y hasta angustioso, tal y como nos pasa en cualquier situación que extraña. Esto en algunos casos puede afectar al sueño y a la alimentación. Además, no tendré ideas sobre qué actividades puedo hacer para entretenerme o disfrutar (o si las tengo, no tendré los recursos disponibles). Esto me llevará a tener aún más “manía” a la soledad y a tender a evitarla cada vez más, con lo que ya hemos formado un círculo vicioso.
  • Depender de los demás: Si busco estar con otras personas a toda costa, es más probable que esté dispuesto a aceptar planes que no me gusten. Tendré menos control para decidir cuándo un plan no me interesa o incluso para negociar con los demás y proponer actividades que a mí me apetecen o me hacen ilusión, ya que los demás probablemente sí se sentirán cómodos diciendo que no a aquello que no les compensa. Por el contrario, si me siento cómodo haciendo cosas en solitario, podré hacer aquellos planes que me apetezcan incluso cuando otras personas decidan no compartirlos conmigo. Por tanto, podré tener experiencias más gratificantes, ya que estaré menos limitado por los gustos de los demás, e incluso podré conocer nuevas personas por el camino.
  • Implicarme en relaciones poco saludables: Si mi prioridad es evitar la soledad, lo más probable es que prefiera cualquier compañía a ninguna. Esto me hace vulnerable a iniciar relaciones de amistad o de pareja con personas que no me tratan bien o que me hacen sufrir, ya que pensaré que la alternativa (estar solo) es mucho peor. O simplemente mantendré relaciones con otras personas incluso una vez pasada su “fecha de caducidad”, es decir, pese a que ya no queramos lo mismo o nuestra relación se haya deteriorado. Mantener o alargar relaciones poco saludables puede perjudicar mi autoestima e incluso llevarme a tomar peores decisiones vitales.

¿Cómo puedo aprender a estar solo y disfrutarlo?

  1. Anticipa los beneficios: Antes de cambiar cualquier comportamiento, primero tengo que tener claro para qué quiero hacerlo y por qué esto va a ser una mejora. ¿Por qué quieres aprender a estar solo? ¿Para poder descansar en casa? ¿Para no sentir angustia cuando te quedas sin planes? ¿Porque el miedo a la soledad te está impidiendo cortar ciertas relaciones que te hacen daño? Cada persona tiene sus motivos y solo partiendo de ellos tendremos la motivación suficiente para hacer cambios.
  2. Busca actividades en solitario que te gusten: Haz un listado de todo aquello que se te ocurra que podrías disfrutar. Piensa en actividades que hayas disfrutado en el pasado, que te hayan llamado la atención en algún momento o pregunta a tus conocidos qué hacen ellos cuando están solos en casa. ¿Manualidades? ¿Juegos? ¿Lectura? ¿Ir al cine o a conciertos por tu cuenta? ¿Ejercicio físico? ¿Ver películas? ¿Escuchar música? ¿Cantar a voz en grito o bailar solo? ¿Cuidar de tu cuerpo? La lista puede ser larguísima. Es posible que inicialmente ninguna actividad te resulte atractiva porque… no te gusta estar solo. No importa: anota todo aquello que se te ocurra sin filtrar.
  3. Elige un par de actividades y ponlas en práctica: Escoge aquellas actividades que te den menos pereza, te resulten más atractivas, más sencillas, etc. Hazte con todo aquello que vas a necesitar para ponerlo en práctica (p. ej., materiales, programas…). Busca un momento en tu rutina cotidiana en que puedas dedicarles tiempo. Al principio es normal que no las disfrutes, porque no estás acostumbrado o tienes que familiarizarte con ello, pero sigue practicando. Si tras cierta práctica ves que no te funcionan, cambia y elige otras actividades que te apetezcan más o que encajen mejor en tu estilo de vida.
  4. Crea un clima agradable: Asegúrate de elegir un momento en el que vayas a poder estar tranquilo, sin prisas, sin tener muchas tareas pendientes que hacer a continuación… Si haces una actividad dentro de casa, busca un sitio en el que estés a gusto, ponte música de fondo, ropa cómoda, prepárate alguna bebida que te guste… Si haces una actividad fuera de casa, planifícala para que te resulte más agradable (p. ej., si vas al cine, elige una sala cómoda o que esté en un barrio o zona que te guste).
  5. El tiempo no es para aprovecharlo: Un pensamiento que a veces nos frena es la sensación de que “estamos perdiendo el tiempo”. Es posible que cuando estemos en casa generalmente dediquemos este tiempo a cumplir con nuestras obligaciones (p. ej., fregar, estudiar, cocinar…) y esto nos lleve a sentirnos culpables si dejamos estas tareas de lado y nos dedicamos al ocio. Sin embargo, los tiempos de descanso y disfrute son necesarios e incluso te ayudarán a ser más productivo durante tu tiempo de trabajo u otras obligaciones con las que tengas que cumplir. Si dedico todos mis tiempos libres a hacer obligaciones es más probable que me agote, me estrese o me deprima. Y que incluso el propio tiempo libre adquiera un matiz desagradable para mí. Recuerda que tienes derecho a disfrutar y a descansar y que tan legítimo es hacerlo dentro de casa como fuera, en compañía que en solitario.
  6. Hacer cosas solo no significa no tener amigos: Otro pensamiento que nos impide disfrutar de la soledad es la creencia de que tener que divertirme solo es señal de no tener amigos o pareja. Esto hará que cada vez que me encuentre en esa situación, en vez de centrarme en disfrutar me acuerde de aquello que creo que me falta y me sienta mal. Sin embargo, tener una vida social saludable y activa es perfectamente compatible con tener aficiones en solitario. De hecho, tener tiempos de descanso y desconexión nos prepara para disfrutar mejor de nuestras interacciones sociales. Asimismo, es saludable tener hobbies al margen de nuestra pareja, para poder aportar más a la relación y que esta no consuma todos nuestros espacios y tiempos.
  7. Si los demás me ven solo pensarán mal de mí: Muchas personas se frenan de hacer planes solitarios en público por miedo a qué pensarán los demás. Y esto es un problema, ya que no podemos controlar lo que piensen los demás, y estar a expensas de sus hipotéticas opiniones nos impedirá tener el control de nuestra vida. En cambio, debemos recordar que los demás no suelen estar analizando continuamente nuestro comportamiento y que hacer actividades en solitario es compatible con tener otros momentos más sociales. Es más, muchas personas eligen hacer ciertas actividades en solitario (p. ej., senderismo) porque así pueden disfrutarlo más, ir a su aire e incluso estar más abiertas a conocer nuevas personas.
  8. Hacer cosas solo es compatible con hacer planes sociales: Recuerda que el objetivo no es que te conviertas en un ser huraño e insociable. Relacionarnos con los demás y disfrutar de su compañía sigue siendo algo muy beneficioso que debemos cultivar. El objetivo no es reemplazar una cosa por la otra, sino ampliar nuestro repertorio y nuestras posibilidades: poder elegir cuándo me beneficia estar solo y cuándo acompañado, para evitar sufrir las consecuencias negativas que comentábamos anteriormente.
  9. Estar solo no es sentirse solo: Tendemos a asociar estos dos conceptos, que son muy lejanos en realidad. Una persona puede estar físicamente sola y experimentar emociones muy positivas (desde la tranquilidad hasta la risa). Sentirse solo tiene que ver con la sensación de no tener apoyos o personas que me cuidan, con las que puedo contar o en quienes puedo confiar. Sentirse solo estando rodeados de gente es tan posible (o incluso más) como estando físicamente solos. La forma de combatir esta emoción no es rodearnos de más personas, sino mejorar la calidad de estas relaciones (p. ej., ejerciendo nuestra asertividad) e incluso aprendiendo que podemos estar solos y en buena compañía (la nuestra propia). Por tanto, paradójicamente, aprender a estar solo y a disfrutarlo también te puede ayudar a sentirte menos solo (ya que no dependerás tanto de la compañía o de la disponibilidad de los demás para estar bien).
  10. Practica la meditación: En ocasiones, lo que más nos cuesta de estar solos es quedarnos a solas con nuestros pensamientos, que a veces nos bombardean con emociones negativas y nos impiden estar tranquilos. La meditación es una práctica que consiste en aprender a prestar atención al aquí y ahora, como contraposición a dejarla vagar indefinidamente por nuestras preocupaciones cotidianas. Realizar este ejercicio de manera diaria puede ayudarte a manejar mejor tu atención y tus pensamientos y a sentirte más cómodo en tu propia compañía, sin necesidad de recurrir a algo externo (personas u otras fuentes de entretenimiento). Esta habilidad requiere práctica y debe hacerse en las condiciones adecuadas. Contacta con un profesional si deseas que te ayude a entrenarla o te asesore, así como si compruebas que está teniendo algún efecto perjudicial o te está resultando muy difícil de aplicar.

Adaptar estas pautas a tus necesidades y estilo de vida particular te ayudará a ganar mayor libertad y a conquistar espacios y tiempos vitales. Te permitirá ser más independiente de los planes o decisiones de otras personas y a ganar autonomía. También es posible que te ayude a afrontar tus miedos y a ponerlos a prueba.

21 Frases inspiradoras para superar la ansiedad y preocupación

La ansiedad y los trastornos de ansiedad son los más frecuentes de los problemas psicológicos que pueden experimentar las personas, y superarlos no siempre resulta fácil. A veces, es necesaria la ayuda de una psicoterapia, mientras que en otros casos puede ser de gran utilidad estar informado sobre el problema que te afecta y aprender y practicar determinadas técnicas de autoayuda.

Cómo ayuda el leer las frases

Las siguientes frases no van a hacer que tu ansiedad desaparezca, pero sí pueden aportarte otros puntos de vista que te ayuden en tu camino hacia la superación de la ansiedad. Si algunas de estas frases te producen un efecto positivo o crees que pueden ayudarte, escríbelas en un papel, guárdalas en tu bolsillo y llévalas contigo. ¿Por qué hacer esto? Porque, como se explica en este artículo, de este modo las frases que hayas escrito y guardado contigo ejercerán una mayor influencia en ti, del mismo modo que escribir y tirar a la basura tus pensamientos indeseados o negativos, te ayudará a librarte de ellos.

No obstante, la superación de cualquier problema psicológico implica esfuerzo, porque supone cambiar nuestro modo habitual de pensar y comportarnos, aprendido en la infancia y que ha formado parte de lo que somos posiblemente durante toda la vida. Pero que algo sea complicado no significa que sea imposible. La ansiedad puede superarse, al igual que la depresión u otros problemas emocionales, si te lo propones y te esfuerzas por tener éxito, o si estás dispuesto a reconocer que no puedes superarlo sin ayuda y acudes a un psicólogo.

Frases inspiradoras

  • No tienes que controlar tus pensamientos; solo tienes que dejar de permitirles que te controlen a ti. Dan Millman.

 

  • No te creas todo lo que piensas. Anónimo.

 

  • Cuando cambias el modo en que ves las cosas, las cosas que ves cambian también. Wayne Dyer.

 

  • El único modo de salir es a través. Robert Frost.

 

  • Actúa del modo en que deseas sentirte. Gretchen Rubin.

 

  • Si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has tenido. Steven Hayes.

 

  • Si no estás dispuesto a tenerlo, lo tendrás. Steven Hayes. (Es decir, si tratas de evitar la ansiedad a toda costa, en vez de aceptarla, sentirás más ansiedad).

 

  • La preocupación no elimina el dolor del mañana, sino que elimina la fuerza del hoy. Corrie ten Boom.

 

  • Respirar lentamente es como un ancla en medio de una tormenta emocional: el ancla no hará que la tormenta se vaya, pero te mantendrá firme hasta que pase. Russ Harris.

 

  • Si un problema puede solucionarse, si la situación es tal que puedes hacer algo al respecto, entonces no hay necesidad de preocuparse. Si no puede arreglarse, entonces preocuparse no tiene utilidad alguna. Dalai Lama.

 

  • La vida es un diez por ciento lo que experimentas y un noventa por ciento cómo respondes a ello.» Dorothy M. Neddermeyer.

 

  • No anticipes los problemas ni te preocupes por lo que pueda suceder: mantente bajo la luz del sol. Benjamin Franklin.

 

  • Un día de preocupación es más agotador que un día de trabajo. John Lubbock.
  • No puedes retorcerte las manos y arremangarte al mismo tiempo. Pat Schroeder.

 

  • Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron. Michel de Montaigne.

 

  • La regla número uno es: no te preocupes por las cosas pequeñas. La regla número dos es: todo son cosas pequeñas. Robert Elliot.

 

  • Cuando uno siente un gran temor de lo que es inminente, uno siente cierto alivio cuando el problema ha llegado. Joseph Joubert.

 

  • El buen humor es un tónico para la mente y el cuerpo. Es el mejor antídoto para la ansiedad y la depresión. Grenville Kleiser.

 

  • Miedo, ​ansiedad​ y neurosis: simplemente los llevas en la maleta cuando eres un actor. Laura Linney.

 

  • En el momento en que empecé a tratar mi trastorno de ansiedad social, empecé a sentirme mejor. Ricky Wolliams.
  • ¿Cómo puede una persona afrontar la ansiedad? Puedes intentar lo que hizo este tipo. Se preocupaba tanto que decidió contratar a alguien para que se preocupara por él. Encontró a un hombre que aceptó por un sueldo de 200.000 dólares al año. Tras aceptar el trabajo, la primera pregunta que le hizo a su jefe fue: «¿De dónde vas a sacar 200.000 dólares al año?» Y éste le contestó: «Esa es ahora tu preocupación». Max Lucado.

Renacer emocional

El renacer emocional!

 

El renacimiento emocional es un proceso que se produce en varias circunstancias, pero especialmente cuando caemos en un estado emocional negativo y necesitamos reconstruir este universo sobre el que sentimos.

Hay momentos en los que caemos en un abismo profundo. Llegamos a ese callejón sin salida, y nos quedamos sin saber qué hacer. Aunque en ese momento lleguemos a pensar que todo está perdido, en el fondo contamos con la oportunidad de abrazar nuestro dolor y comenzar un renacer emocional.

Así como el ave fénix, la persona alza el vuelo tras un suceso que pudo causarle gran dolor y sufrimiento. Entonces, ve a sus angustias de otro modo, y con valentía encuentra otros rumbos. Consiste en salir de estados que causan mucha aflicción, para encontrarse de nuevo, gestionar las emociones, los pensamientos y las conductas de otro modo, para germinar, para contar con diferentes motivos, para alcanzar propósitos, ver las cosas de otra manera, y encontrar una superación tras su circunstancia.

Aprender a caer y levantarnos, nos ayudará a salir de situaciones de gran angustia. Y, cada vez podremos ir adquiriendo mayor conocimiento para afrontar situaciones venideras, después de todo en la vida siempre van a surgir dificultades.