Violencia en el noviazgo

Violencia en el noviazgo

 

Amar a alguien es totalmente diferente a tener dependencia de alguien. En muchas ocasiones adolescentes consultan acerca de la relación que tienen en su noviazgo y entre ellas destaca la violencia.

La violencia en el noviazgo es cualquier acto mediante el cual una persona trata de doblegar o paralizar a su pareja. Su intención, más que dañar, es dominar y someter ejerciendo el poder.

La violencia produce efectos que pueden reproducir conductas en sentido negativo y extenderse a todos los contextos donde interactúa el adolescente. Del ámbito familiar trasciende al público.

Las conductas violentas en las relaciones de pareja no son percibidas como tales, ni por las víctimas, ni por los agresores, es decir, los signos de maltrato durante el noviazgo se confunden con “muestras de afecto”, que en realidad ocultan conductas controladoras.
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6 TIPOS DE PAREJAS y cómo identificarlos

6 TIPOS DE PAREJAS y cómo identificarlos

Las relaciones de pareja son muy diferentes entre sí. Analizar los diferentes tipos de pareja y sus características diferenciadoras puede ayudar a identificar los rasgos que posee nuestra propia relación, y cambiar aquellos que consideremos negativos. Si bien las parejas perfectas no existen, algunas tienen el trabajo mucho más sencillo a la hora de lidiar con inconvenientes, discusiones o complicaciones derivadas de la convivencia o los choques de personalidades. ¿Qué tipo de pareja tienes?

1. Relaciones vacías

Este tipo de relación es aquel en que suele haber compromiso por parte de ambas personas, pero no existe pasión ni intimidad. Es muy propio de los matrimonios arreglados o por conveniencia, donde las personas involucradas están simplemente juntas por una ventaja, pero desearían estar en otro lado para satisfacer sus deseos y pasiones internas.

2. Amor consumado

Este tipo de relación es la más feliz. Poseen los tres componentes básicos de la teoría del amor según Sternber: pasión, intimidad y compromiso. Estas relaciones tienden a ser el ideal que muchas personas persiguen, pero se requiere encontrar a aquella persona por la que sentimos y con la que proyectamos un futuro, de lo contrario es posible que tengamos alguna falencia que nos posicione en alguno de los otros tipos de amor existentes.

3. Parejas románticas

Este tipo de parejas tiene pasión e intimidad, pero no logra el compromiso. Son amores de verano, relaciones cortas donde no se racionaliza lo que sucede y no hay pactos entre las personas involucradas. Este tipo de relaciones experimenta todo de forma espontánea, sin planificar. Esto implica que la relación no es del todo sólida y en cualquier momento puede desbaratarse, sea por aburrimiento o por enamoramiento de otra persona.

4. Encaprichamiento

Muy habitual en el comienzo de una relación que posteriormente puede ser más sólida, se caracteriza por tener únicamente pasión. No hay intimidad ni compromiso con la otra persona. Principalmente porque esta etapa es al inicio, cuando las dos personas no se conocen del todo.

5. Relaciones fatuas

En las relaciones de una relación fatua, hay pasión y puede haber compromiso, pero nunca llega a formarse la intimidad. Suelen guardarse secretos y se experimenta la relación como una situación unilateral donde el egoísmo o la preservación de uno mismo pesa más que compartir con el otro.

6. Parejas sociables

Este último tipo de parejas se caracteriza por tener compromiso e intimidad, pero falta de pasión. En muchos casos, las relaciones con muchos años de antigüedad empiezan a mostrar signos de este tipo. Las actividades domésticas y tradicionales predominan sobre los encuentros íntimos.

Por supuesto que hay otros tipos de relaciones, donde alguno de los tres factores fundamentales de Sternberg se manifiestan de formas específicas. Como aquellas parejas que se pelean constantemente o los eternos enamorados. Pero lo cierto es que los 6 tipos principales hacen a la mayoría de las relaciones que encontraremos en el día a día.

Entender a nuestra pareja y la forma en la que nos relacionados puede llevarnos a entender si hemos encontrado a la pareja ideal o si todavía estamos en la búsqueda. Porque hay veces en las que uno trata de convencerse de que encontró a quién acompañar para toda la vida, pero podemos equivocarnos.

DEPRESIÓN, causas y maneras de tratarla

La depresión forma parte de la consulta más habitual dentro del espectro de trastornos psicológicos en la actualidad. Muchas veces los pacientes confunden cuadros relacionados con situaciones de tristeza con depresión, motivo por el cual el acompañamiento de un profesional se vuelve indispensable para ayudar a encauzar los diferentes mecanismos psicológicos y psicosociales para ayudar a recuperar la salud emocional. ¿Qué es la depresión y como puede tratarse?

Los rasgos de la depresión

Como trastorno psicológico, la depresión es un estado anímico que se manifiesta a través de la aparición de sentimientos de pérdida, tristeza, frustración e ira. Si no se trata, la depresión puede ser un trastorno grave ya que interfiere en el normal desarrollo de la vida cotidiana, pudiendo durar semanas, meses o años sin ningún tipo de interrupción.

La depresión puede manifestarse en cualquier momento, pero es más habitual en la adolescencia y en distintos momentos y situaciones de la edad adulta. El caso de la depresión infantil es diferente, sus rasgos distintivos son muy diferentes y es importante registrar el rendimiento escolar de los niños y niñas para encontrar pistas que indiquen un estado de depresión.

¿Qué causa la depresión?

La depresión puede tener causas genéticas, fisiológicas, personales o ambientales, o una combinación de varias. En caso de tener antecedentes de depresión en la familia, debe prestarse especial atención porque se genera una cierta tendencia al desarrollo de cuadros depresivos.

En las personas que sufren depresión, los estudios científicos han detectado una presencia menor de serotonina en las uniones de las neuronas. Enfermedades como la diabetes, el hipertiroidismo y la migraña tienden a estar relacionadas con la depresión ya que causan alteraciones endocrinas. También hay una estrecha relación entre la depresión, los niveles altos de estrés y los cuadros de ansiedad. En términos de edad, las personas entre 35 y 45 años son las más vulnerables, y en mujeres lo casos son más habituales.

Los tipos de depresión que más se manifiestan son el trastorno depresivo mayor, la distimia, el trastorno bipolar o maníaco/depresivo y la depresión post-parto. En el caso de las mujeres tanto el embarazo como el post parto son etapas muy importantes que pueden generar cuadros depresivos por las alteraciones hormonales que se generan. Los casos más intensos de depresión post parto son habituales en mujeres menores de 20 años y aquellas que consumen alcohol o tabaco.

Preguntas que te pueden orientar para detectar un cuadro depresivo

§ ¿Lloras con mayor frecuencia?

§ ¿Te irritas más o menos que antes?

§ ¿Tienes sentimientos de tristeza o desánimo?

§ ¿Te sientes cansado/a con mayor frecuencia?

§ ¿Tienes más o menos apetito?

§ ¿Tienes pensamientos de muerte?

Cómo salir de la depresión

Para salir de la depresión es importante activar, tanto a nivel físico como a nivel emocional. Se trata de realizar ejercicios, comenzar a tener pensamientos positivos y optimistas desarrollar la autoestima y empezar a emprender actitudes proactivas respecto de la resolución de los problemas. El acompañamiento por parte de un psicólogo es importante para detectar el nivel del cuadro depresivo y ayudar a guiar en las posibles actividades y actitudes para encauzar la energía física y mental del paciente.

La depresión es un trastorno habitual, se puede tratar pero requiere esfuerzo y constancia. Mientras más rápido se detecte la problemática, más rápido se puede empezar a trabajar para solucionar las complicaciones que genera.

Crisis de angustia o pánico, qué son y cómo enfrentarlas

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Una crisis de angustia, también conocida como ataque de pánico es una sensación muy intensa de miedo y angustia que no son causados por una cognición o idea racional y que nos inmoviliza y bloquea de manera excesiva.

Estos episodios aparecen repentinamente y nos llevan a un estado de paralización, ya que las personas sienten que no pueden controlar la situación.

Los ataques de pánico suelen aterrorizar a las personas ya que suelen confundirse a menudo con ataques al corazón; la idea de morir o no poder controlarse es la base común de este tipo de ataques que son mucho más frecuentes de lo que parece. Sufrir un ataque de pánico aislado es algo común, sin embargo, si los ataques se dan con cierta frecuencia, podemos estar hablando de un trastorno de pánico.

Síntomas del ataque de pánico o angustia

Los ataques de pánico suelen aparecer en unos 10 minutos aproximadamente y no suelen durar más de 20 o 30 minutos. Pueden ocurrir sin ningún desencadenante externo aunque también pueden ser causa de algo que nos produce un terror desmesurado e irracional, como una fobia. Los síntomas más comunes suelen ser:

  • Hiperventilación
  • Sensación de palpitación en el corazón
  • Dolor o sensación molesta en el pecho
  • Sudoración excesiva
  • Temblores
  • Miedo a la muerte
  • Mareos y nauseas
  • Dolor estomacal

Causas de las crisis de angustia o pánico

Las causas de este tipo de ataques no están claras, sin embargo se suele afirmar que hay cierto componente familiar importante. Los eventos estresantes como sucesos traumáticos que causan un fuerte estrés, hacen que ciertas personas puedan ser más propensas a sufrir este problema.

Es necesario acudir a un profesional de la salud cuando se dan este tipo de síntomas para asegurarnos y descartar cualquier patología física.

Diferencias entre ataques de pánico y ataques de ansiedad

Los ataques de pánico y los ataques de ansiedad pueden confundirse muy a menudo y a veces no sabemos diferenciar bien cuales son exactamente las diferencias, ya que hay algunos síntomas que son comunes a los dos tipos de ataques, como las palpitaciones, el miedo o las dificultades en la respiración. Sin embargo, hay algunas diferencias:

Cuando ocurre un ataque de ansiedad, podemos sentir preocupación y miedo, anticipándonos a una situación o evento que nos produce un gran malestar, es decir, el ataque suele estar relacionado con algo que nos estresa o da miedo; además, los síntomas del ataque de ansiedad suelen ser graduales y darse en distintos niveles.

 

Los síntomas del ataque de pánico sin embargo, pueden ocurrir sin un estímulo concreto que los desencadene y suelen ser percibidos como más graves, además de aparecer de forma más repentina. Cuando ocurren por algún estímulo externo, este puede ser una fobia. Esto hace que el ataque lleve a las personas a tener comportamientos evitativos, como no ir a un lugar concreto como un supermercado o hacer algo como conducir, cuando la persona ha experimentado otro ataque en esos contextos. El ataque de pánico o angustia suele confundirse con un ataque al corazón muy a menudo.

¿Qué podemos hacer para controlar las crisis de angustia?

Sufrir una crisis de angustia o pánico en un momento determinado de nuestras vidas puede ser normal. Cuando esta situación se repite, es necesario buscar la ayuda de un profesional para ahondar en nuestra situación e identificar si estamos sufriendo un trastorno de pánico. A través de la terapia cognitiva conductual, podemos enfrentarnos al temor de sufrir estos ataques y aprender a mantenernos en control ante ellos.

Si sufres un ataque de pánico, seguir los siguientes consejos puede ser muy útil para volver al estado de tranquilidad;

1. Respirar profundamente

Uno de los síntomas más comunes en las crisis de angustia es la hiperventilación. Respirar de forma rápida y descompasada nos mantiene en estado de alerta y no nos permite actuar con racionalidad, ya que el oxígeno en nuestro cerebro es insuficiente. Esforzarnos por llevar a cabo una respiración profunda inhalando el aire lentamente, manteniéndolo durante unos segundos para expulsarlo posteriormente con la misma regularidad, consigue que nuestro sistema nervioso se estabilice y la ansiedad se vaya evaporando.

2. Concentrarnos en la realidad

Cuando estamos teniendo un ataque de pánico, es común sentir desrealización o despersonalización, es decir, contemplar la situación como si no fuera real y como si todo estuviera fuera de control. Centrar la atención en sensaciones físicas familiares como el tacto de nuestra ropa o focalizarnos en un objeto que tenemos cerca, como un teléfono o un reloj, pues hacer que nuestra consciencia vuelva a sentir la realidad y saber que tiene el control.

3. Detectar que sufrimos una crisis de angustia

Reconocer lo que nos está ocurriendo a través de la identificación de nuestros propios síntomas  es muy importante ya que aleja poco a poco las ideas erróneas de que estamos sufriendo otro tipo de ataque físico o de que vamos a morir, algo que caracteriza al ataque de pánico. Al darnos cuenta de lo que realmente nos está ocurriendo, las otras ideas se van diluyendo consiguiendo que nos relajemos cada vez más.

4. Técnicas de relajación

Aprender ciertas técnicas de relajación es muy útil cuando sufrimos ataques de pánico. Cuando manejamos estas técnicas con fluidez, podemos ser capaces de relajarnos de manera cada vez más automática, repitiendo ejercicios como la relajación muscular, en la que nos centraríamos en ir soltando la tensión de cada uno de nuestros músculos poco a poco y de manera progresiva. Junto con la respiración, la relajación es muy importante para salir de este tipo de crisis.

5. Utiliza tu imaginación… para bien

Cuando sufrimos crisis de angustia, en nuestro habla interna se repiten una y otra vez ideas devastadoras sobre lo que nos está sucediendo. “Voy a morir”, “no puedo controlarlo”, “está ocurriendo otra vez”… estas frases se repiten como mantras negativos que nos mantienen en un bucle de ansiedad. Conseguir visualizar una idea o situación que nos tranquiliza, ya se a a través de frases o pensamientos, es muy bueno para desviar los mensajes que nos llegan constantemente y nos causan pánico.

Terminar un ciclo emocional es posible

El día de hoy te brindaremos algunos consejos prácticos para que puedas cerrar un ciclo emocionalen pocos pasos. Existen distintas pautas que explican las diferentes etapas de la vida que vamos atravesando.

En muchas oportunidades las personas sentimos que lo que nos rodea se desarrolla como si se tratase de una narración. Podemos sentir la necesidad de describir las cosas o interpretarlas como si fuesen historias, no algo fijo e inmóvil sino como algo en movimiento.

 

Las emociones también se pueden estar interpretando como si fuesen marcos narrativos. Hoy hablaremos acerca de cómo podemos cerrar un ciclo emocional, y así lograr darle dinamismo a nuestro desarrollo psicológico, evitando estancamientos.

Cuando hablamos de cerrar un ciclo emocional estamos hablando de asignar un significado de compleción a una etapa de nuestra vida. O sea, sentir que se ha tenido un inicio, un desarrollo y un fin. Si bien esta definición puede parecer simple existe un factor emocional que se relaciona con el sentimiento de desarrollo personal.

Es muy importante que al cerrar los ciclos emocionales haya razones para creer en la evolución y el sentido de mejora. Puede aparecer un miedo a poder caer en los mismos errores que antes.

Cuando se decide cerrar ciclos emocionales se deberá dar sentido a una etapa pasada, es porque no nos gusta convivir con la tensión provocada por la idea que hay cosas pendientes, sin resolver, en la vida.

 

En ocasiones tenemos la sensación de que prestamos más atención a las cosas que sentimos que no se han terminado. Si lo que buscamos hacer es superar la etapa de la vida llena de tristeza y en general el dolor emocional, las obsesiones con el sentimiento de no avanzar puede generar un sentimiento de estancamiento.

Se crea algo extraño, ganas de terminar esa etapa pero cuando pasa el tiempo tenemos la sensación de que no existe salida. Es muy importante para no caer en la profecía autocumplida.

Lo primero que se debe hacer es pensar en cuál fue el comienzo del ciclo, así se podrá identificar aquello que podrá llevarnos a cerrarlo. Luego se tendrá que pensar en cómo te sentiste, es importante ir más allá de la simple descripción de los hechos objetivos.

Piensa acerca de cómo intentaste avanzar. En este punto es necesario recordar acerca de cuáles fueron las iniciativas que tuvieron para hacer que la situación no llegue a avanzar, tanto en los puntos objetivos como en lo que se relacionan con los sentimientos.

No se tienen que omitir los errores. Las equivocaciones son algo inherente a la vida, si se mantienen fuera de los recuerdos no se ayudará si lo que se quiere es generar que tengan sentido. Es importante aprender a ver los errores para poder notar que los hechos más importantes de esta etapa nos llevaron a una etapa final en la que se cierra el ciclo.

Enfocarse en la dirección que te puede llevar a cerrar el ciclo. Con las cosas que tienes en mente luego de haber pasado por las etapas anteriores será posible ver una tendencia que puede ayudar a cerrar el ciclo de forma positiva y constructiva.