Cómo superar la traición o deslealtad

Cómo superar la traición o deslealtad

 

 

La traición es una de esas circunstancias que podemos sufrir en silencio durante un tiempo, y que pueden herir el corazón de la persona traicionada. Ya sea por parte de la pareja, un amigo, miembros de la familia o un compañero de trabajo, esta situación despierta emociones muy intensas y dolorosas.

Y es que la pérdida de confianza que se produce con el “traidor” hace muy difícil la reconciliación con esa persona. De hecho, en muchos casos, después de la traición existe un proceso de duelo en el que toca aceptar la situación. Un proceso de duelo complicado, porque las circunstancias no son las ideales para sanar las heridas.

Con el tiempo, sin embargo, uno puede rehacer su vida y seguir adelante. Incluso puede llegar a perdonar a la otra persona.

Y es justo en ese momento, cuando alguien nos traiciona, que nos sentimos violados en nuestros sentimientos, y devaluados en nuestra confianza y lealtad ya que estos dos valores: “La confianza y la Lealtad” son sentimientos elevados que todos tenemos derecho de dar y recibir en igual cantidad, de quienes llamamos: “Amigos”.

Pero cuando un amigo nos traiciona, cambia de manera total o alguna manera el valor de la amistad. Muchas veces ignoramos o por lo menos pretendemos ignorar las circunstancias que una traición conlleva en sí misma, todo en una persona cambia, se alteran sus conductas, sus emociones y sentimientos.

La traición es considerada un atentado alevoso y ventajoso a los principios, a la dignidad y a la confianza depositados en las personas que más amamos. Se genera en los traicionados, una ira, una impotencia y una rabia muy grandes, muy difíciles de asimilar en los primeros momentos, puede producir deseos negativos de agresión y venganza hacia el traidor, a parte de traer consigo, un gran dolor y hasta la pérdida total de la autoestima, humillación, e impotencia que puede fácilmente arrastrarnos a la depresión

 

 

Cómo superar una traición

Superar una traición no es fácil, y si la persona nos importa mucho, puede llegar a afectar a las diferentes áreas de nuestra vida. Ahora bien, estas situaciones tan delicadas y dolorosas pueden llegar a hundirnos durante un tiempo, pero también pueden suponer valiosas experiencias y aprendizajes de incalculable valor por y para la vida.

Pero, ¿qué hacer cuando nos traicionan? ¿Cómo superar este momento tan delicado? En las siguientes líneas te damos unas claves para hacerlo.

 

  1. Analiza las circunstancias en que ocurrió la traición

Tras una traición, y como en cualquier situación de duelo, la primera etapa que experimenta la persona es la de conmoción. La traición es una situación tan dolorosa que algunas personas experimentan un nudo en el estómago y una terrible decepción y tristeza. En estas situaciones es importante hablar con alguien cercano, porque canalizar este tipo de emociones puede no ser fácil. Hablar con otros individuos, además, puede permitirte ver las cosas desde otra perspectiva.

También es importante que analices el contexto y el motivo por el cual ocurrió la traición. Por ejemplo, si hablamos de una infidelidad de pareja, puede que no tuvieses en cuenta las necesidades de la otra persona. Es bueno hacer autocrítica una vez que pasa la fase de negación.

  1. No seas duro contigo mismo

Es frecuente que, en estas situaciones, aparezca la ira y también la tristeza. La tristeza suele experimentarse cuando una persona comienza a reconocer el alcance de la situación. Pese al dolor y el sentimiento de traición, también es habitual rememorar cosas buenas de la relación y lo que uno echa de menos. Si te sientes traicionado es porque la otra persona era importante para ti.

Lo cierto es que durante el tiempo de tristeza necesitas liberar esas emociones, y, de hecho, esto puede ocurrir al mismo tiempo que sientes ira. La inestabilidad emocional es frecuente en estos momentos delicados. Lo que debes hacer es tratarte con compasión, y si tienes que llorar, ¡hazlo! Lo importante es que no seas duro contigo mismo.

 

3. No guardes rencor

Si bien debemos tratarnos a nosotros mismos con cariño, tampoco debemos guardar rencor hacia otras personas. Cuando sentimos ira, experimentamos una necesidad de desahogo, especialmente en contra de la persona que nos lastimó. Tenemos ganas de vengarnos.

Sin embargo, esto no es una buena forma de canalizar las emociones, y lo que podemos conseguir con esta acción también nos perjudique. La mejor alternativa es, en realidad, no guardar rencor.

 

4. Acepta la situación

La aceptación es una de las mejores decisiones que podemos tomar para recuperar el bienestar y la salud mental. Porque igual que decía en el punto anterior, recrearnos en la frustración o la ira lo único que va a propiciar es que seamos nosotros los que más sufrimos.

5. Tómate tu tiempo

La aceptación puede llevar su tiempo porque hay que seguir una serie de etapas y se necesita tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido. El tiempo viene bien para ver las cosas desde otra perspectiva, pero para cicatrizar las heridas emocionales también debemos poner de nuestra parte.

6. Sé sincero

Es importante que, durante todo el proceso, seas sincero contigo mismo y con la otra persona. Conectar con uno mismo y no evitar la realidad es una de las mejore maneras para afrontar los problemas. Por otro lado, si, por ejemplo, deseas superar una infidelidad, la sinceridad es la mejor manera de hacerlo.

7. ¡Perdona!

Perdonar a esa persona que te ha traicionado no significa que tengas que volver a aceptarlo en tu vida o que estás de acuerdo con su comportamiento, sino que es un acto de madurez, en el que se ha aceptado la situación y la persona se libera de sentir rencor. De hecho, perdonar tiene muchos beneficios. ¿Cuáles son las situaciones ideales para perdonar? Deberíamos perdonar una traición en las siguientes circunstancias.

  • La persona reconoce la persona el daño que ha causado y está tratando de cambiar el comportamiento.
  • El individuo pide perdón claramentey da pruebas de que no tiene la intención de volver a hacerlo.
  • Su actuación fue fruto de la ira o la decepción y la persona lamentó actuar de esta manera.
  • Ha aprendido de ese comportamiento y es poco probable que lo vuelva a hacer.
  • Es un comportamiento aislado, relativamente poco importante.

 

 

 

 

 

 

 

 

Las 5 etapas del Duelo

Las 5 etapas del Duelo

 

etapas de duelo

 

Cuando sufrimos una pérdida de alguien o algo importante para nosotros, pasamos por una serie de etapas de dolor que al parecer son universales, pues las experimentan por igual personas de cualquier cultura y clase social.

Este luto se produce en respuesta a la pérdida de un ser querido, al fin de una relación, al hecho de averiguar que padecemos una enfermedad terminal, etc.

 

En 1969 se describieron por primera vez las 5 etapas de duelo, que fueron propuestas por Elisabeth Kübler-Ross en su libro “Sobre la muerte y los moribundos”.

La muerte de un ser querido nos lleva a menudo a evaluar nuestros propios sentimientos sobre la mortalidad. A lo largo de cada etapa, un hilo de esperanza común puede florecer: Mientras hay vida, hay esperanza. Mientras hay esperanza, hay vida.

Las cinco etapas del duelo que describiremos a continuación, no necesariamente se producen en un orden específico ni duran lo mismo para todas las personas. A menudo nos movemos entre varias etapas antes de lograr una aceptación más pacífica de la muerte o la pérdida. La clave para comprender las etapas es no sentir que debemos pasar por todas ellas. Es más útil mirarlas como guías en el proceso de duelo, para ayudarnos a entender y poner en contexto la nueva situación personal.

Cada persona es un mundo y se lamenta de manera diferente. Algunas exteriorizan fácilmente sus emociones. Otras experimentarán su dolor más internamente y no son capaces de llorar. No debemos juzgar la forma en que una persona experimenta su dolor, ya que cada uno va a experimentarlo de una forma diferente.

Negación

La primera reacción que mostramos tras una pérdida dolorosa es negar la realidad de la situación. Muchos suelen pensar: “Esto no está pasando, esto no puede estar pasando”. Es una reacción normal y una manera de racionalizar las emociones abrumadoras. Es un mecanismo de defensa que amortigua el impacto inmediato de la pérdida. Bloqueamos las palabras y escondemos los hechos. Esta es una respuesta temporal que nos lleva a través de la primera oleada de dolor.

Ira

A medida que los efectos de ocultación y de la negación comienzan a desgastarse, la realidad y el dolor afloran. Pero no estamos listos. La intensa emoción de dolor se desvía, reorientándose, y se expresa de manera contradictora en forma de ira. El enojo puede estar dirigido a objetos inanimados, a extraños, a amigos o familiares. La ira puede enfocarse también hacia el ser querido fallecido. Racionalmente, sabemos que la persona no tiene la culpa. Emocionalmente sin embargo, podemos sentirnos resentidos con ella por causarnos tanto dolor al dejarnos. Nos sentimos culpables por estar enfadados, y esto nos hace enfadarnos más todavía.

Pero el duelo es un proceso personal que no tiene límite de tiempo, ni una forma “correcta” de pasarlo.

Negociación

Esta es una reacción normal a los sentimientos de impotencia y vulnerabilidad, es a menudo una necesidad de recuperar el control. Esta puede suceder antes de la pérdida, en caso de tener a un familiar con enfermedad terminal, o bien después de la muerte para intentar posponer el dolor que produce el abandono. En realidad surge la esperanza de que se puede de algún modo retrasar el dolor.

  • Si hubiéramos buscado atención médica antes …
  • Si hubiéramos tratado de ser mejor persona con él/ella …

En secreto, podemos hacer un trato con Dios o nuestro poder superior, en un intento de posponer lo inevitable. Esta es una débil línea defensa para protegernos de una realidad dolorosa.

Depresión

Hay dos tipos de depresión asociadas al duelo. La primera de ellas es una reacción a las implicaciones reales relacionadas con la pérdida. La tristeza y el pesar predominan este tipo de depresión. Nos preocupamos por los costos, por el entierro…  Nos preocupa que, a nuestro pesar, hemos pasado menos tiempo con otras personas que dependen de nosotros. Esta fase puede aliviarse con la en acompañamiento los demás y unas pocas palabras amables.

El segundo tipo de depresión es más sutil y, en cierto sentido, más privada. Es nuestra preparación frente a la separación y la despedida personal de nuestro ser querido. A veces todo lo que realmente necesitamos es un abrazo.

Aceptación

Llegar a esta etapa del duelo es un regalo que se presentará al final del proceso.

La muerte puede ser repentina e inesperada, y nos parece que jamás podremos ver más allá de nuestra ira o negación. No es necesariamente un signo de valentía resistir lo inevitable y negarnos la oportunidad de hacer las paces con nosotros mismos. Esta fase se caracteriza por la retirada y la tranquilidad final. Esto no significa que sea un período de felicidad, es más bien un período de paz, es el momento en el que hacemos las paces con la pérdida que hemos sufrido, dándonos la oportunidad de vivir nuevamente a pesar de la ausencia.

 

Hacer frente a la pérdida es, en última instancia, una experiencia profundamente personal y singular, nadie puede ayudarnos a ir a través de ella con mayor facilidad ni entendiendo todas las emociones por las que estamos pasando. Sin embargo, otros pueden estar allí para nosotros y ayudarnos a través de este proceso. Lo mejor que podemos hacer es permitirnos sentir el dolor. Resistir sólo servirá para prolongar el proceso natural de curación.

 

 

 

El cuerpo nos habla

 

El día de hoy hablaremos de las somatizaciones, ese momento tan especial cuando el cuerpo nos habla. El cuerpo nos suele mandar un mensaje que deberíamos escuchar. Algunas de nuestras emociones que no llegamos a verbalizar encuentran su vía de escape a través de una enfermedad o malestar corporal.

Muchos pacientes terminan siendo derivados a médicos especialistas para que termine de averiguar cuál es la causa que genera ese malestar. En ciertas ocasiones detrás de estos problemas existen dificultades que no tenemos la capacidad de verbalizar, la somatización termina siendo una vía de escape.

Nuestro cuerpo nos manda mensajes

Un error común dentro de la medicina occidental fue dividir las distintas enfermedades en mentales y físicas. Esta diferenciación nace con René Descartes, filósofo que estableció una línea divisoria entre el cuerpo humano y la mente.

Tradicionalmente muchos médicos siguen este paradigma y para que una enfermedad sea considerada como orgánica tiene que ser comprobada o verificada en la estructura del organismo. En los casos en que no se encuentre respuesta se suele interpretar5 que la enfermedad no existe y que la enfermedad se debe buscar dentro de la salud mental.

En el momento en el que nace el psicoanálisis se vio por primera vez la importancia de aquello que no dice el cuerpo. Los primeros pacientes fueron casos de conversación y de somatización. Las personas comenzaron a referirse a sus angustias y a sus miedos, y no hablaban de los síntomas físicos, esto fue gracias a la psicología

Todas las personas han somatizado en determinado momento de su vida, el problema está cuando esta somatización impide que se realicen las actividades de la vida cotidiana. Dentro del lenguaje común, una enfermedad que se puede considerar como psicosomática puede tener tres significados diferentes:

  • Es un tipo de enfermedad totalmente mental, y por esa razón, es controlable.
  • Es un trastorno inexistente, producto de la imaginación de quien la padece.
  • El paciente es el responsable de sus síntomas y de padecer ese sufrimiento que lo agobian.

La forma en que se manifiestan las emociones y sus conflictos es muy diferentes, algunas personas pueden padecer:

  • Problemas sexuales
  • Problemas respiratorios
  • Problemas y dolores abdominales
  • Patologías neurológicas

Dentro de los trastornos que están completamente vinculados a las emociones enfatizamos las enfermedades dermatológicas y muchas de las patologías relacionadas a los intestinos.

Investigaciones realizadas recientemente vinculan la psiconeuroinmunología con este tipo de problemas, relacionando al sistema inmune como el eslabón perdido que existe entre lo físico y lo mental.

Los impactos de tipo emocional tiene una relación a lo que sucede en el cuerpo manifestándose en el sistema inmunitario, además del sistema nervioso y hormonal.

Se ha podido comprobar que el estrés también es muy importante en estos casos. Existen diferentes modalidades de estrés que se pueden dividir a su vez en diferentes factores que afectan a las diferentes zonas cerebrales.

Contar con un apoyo social y unas relaciones cálidas y positivas y amorosas con amigos, familia y compañeros permite ayudar a reducir el estrés notablemente.

A esta altura casi nadie puede negar que el cuerpo intenta hablar y nos habla, esto es, sin lugar a dudas, cada vez más evidente. Será necesario crear diferentes técnicas que permitan traducir a un lenguaje más claro y cotidiano lo que nos dicen los órganos, las funciones y las vísceras. Así se podrán tratar de forma exitosa muchas enfermedades, con un diagnóstico más claro y mejorar la calidad de vida de quienes las padecen.

¿Qué hago con mis celos?

¿Qué hago con mis celos?

 

Aceptar que se es celoso/a es todo un desafío y corresponde el primer gran paso. Sin embargo, no podemos quedarnos con la excusa de que se sufre de celos sin hacer nada al respecto. Vale la pena decir que este sentimiento es destructivo para nosotros mismos y para nuestras relaciones (ya sean de pareja, familiares, de amistad, etc).

Las personas celosas “por naturaleza” no suelen aceptar que padecen este problema, por ello es que hacer un “mea culpa” y admitirlo es para valientes, sin duda. La mayoría de estos individuos indican que no les agrada ser así, que sufren y que se sienten mal por hacer sufrir a los demás.

Todo radica en la poca auto-confianza, no en la desconfianza en el otro. Esta es la gran diferencia que debemos hacer para poder enfrentar a los celos y ganar la batalla. No será fácil, pero tampoco imposible.

¿Cómo dominar los celos?

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Violencia en el noviazgo

Violencia en el noviazgo

 

Amar a alguien es totalmente diferente a tener dependencia de alguien. En muchas ocasiones adolescentes consultan acerca de la relación que tienen en su noviazgo y entre ellas destaca la violencia.

La violencia en el noviazgo es cualquier acto mediante el cual una persona trata de doblegar o paralizar a su pareja. Su intención, más que dañar, es dominar y someter ejerciendo el poder.

La violencia produce efectos que pueden reproducir conductas en sentido negativo y extenderse a todos los contextos donde interactúa el adolescente. Del ámbito familiar trasciende al público.

Las conductas violentas en las relaciones de pareja no son percibidas como tales, ni por las víctimas, ni por los agresores, es decir, los signos de maltrato durante el noviazgo se confunden con “muestras de afecto”, que en realidad ocultan conductas controladoras.
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