Crisis de pareja: el desgaste en la relación

Crisis de pareja

 

Una crisis en la relación de pareja es un punto de inflexión. Es ese alto en el camino donde aunar esfuerzos para recuperar el vínculo o por el contrario tomar otra decisión.

Con el tiempo y la rutina el amor comienza a desgastarse y puedes sentirte solo incluso estando acompañado. Suele suceder, que la pasión que te enloquecía y aquellas cosas que amabas, pueden terminar convirtiéndose en las cosas que más te molestan ahora.

El problema radica también en que las personas se confían en lo que tienen y lo dan por sentado. El aprecio por el otro se va dejando de lado, nos acostumbramos a lo bueno.

Una vez que la relación va sobre ruedas ya no se esfuerzan más por la pareja, porque saben que se ha ganado el amor del otro y no le encuentran sentido a ese continuar conquistando a alguien que ya poseen.

Para superar esta situación de desgaste es muy importante escuchar las emociones que pueden estar bajo esta insatisfacción emocional. ¿Tienes sensación de soledad en los espacios compartidos con la pareja? ¿Sientes que tienen problemas de comunicación? Cuando los temas que tratas con tu pareja son superficiales y repetitivos, este puede ser un síntoma de que existe cierto estancamiento en la relación.

Ante los diversos desafíos que pueden surgir en tu relación amorosa, lo fundamental es que estés abierto al dialogo con el otro, a la paciencia, al cariño, que realmente le brindes a tu pareja el lugar de importancia que merece.

La pregunta que debes hacerte es:

¿vale la pena luchar por mi pareja? Este es el principio de todo y dependiendo de esta respuesta podrás evaluar qué camino elegir, si intentas salvar esa relación o si ya es momento de olvidarla y seguir adelante.

Tener en claro cuál es tu verdadero deseo, qué es lo que sientes, será lo que nos otorgue la fortaleza para actuar de la manera adecuada. Y recuerda: duele más estar involucrado en una mala relación de pareja que estar solo.

 

10 signos de crisis de pareja

Existen actitudes o circunstancias que pueden producir una fisura en la relación. En algunos casos, esta fisura crece de un modo gradual.

 

1. Algunas personas son adictas al trabajo, concentran la mayor parte de su energía diaria en los objetivos profesionales. El adicto al trabajo pone su vida familiar en un segundo plano. En muchos casos, comete el error de dar por sentado el amor, de creer que su pareja siempre estará allí.

 

2. El peso de la rutina. Lo previsible de una vida de pareja en la que queda un mínimo margen al factor sorpresa. Cuando el plan preferido de las parejas es ver la televisión, conviene buscar alternativas de ocio para reavivar la magia.

 

3. La infidelidad es uno de los factores que rompe con el amor en muchos casos, de un modo inevitable. Una infidelidad produce desconfianza en quien se ha sentido engañado.

 

4. Los problemas de comunicación que derivan en la desagradable sensación de distancia afectiva en el matrimonio, pueden crear tal barrera que, en determinado momento, dos personas pueden llegar a convertirse en dos extraños.

 

5. Si no existe un nivel de implicación equilibrado en la relación, uno da mucho mientras que el otro no se compromete, entonces, se establece un lazo totalmente desigual. En este tipo de situaciones, quien da más, en algún momento, se agota.

 

6. La queja resulta agotadora pese a que resulta más cómoda en un primer momento que hacer el esfuerzo creativo de buscar soluciones a los problemas.

 

7. Las dificultades de la conciliación laboral, las discusiones por la realización de las tareas de la casa también pueden producir un cansancio en el matrimonio.

 

8. No tener intereses comunes en el tiempo de ocio. No compartir ningún hobby.

 

9. Vivir el matrimonio con una añoranza constante del inicio del noviazgo. Echar de menos las mariposas en el estómago en lugar de invertir en el presente de ese amor generando nuevas oportunidades.

 

10. Discutir queriendo tener la razón en lugar de buscar acuerdos comunes como pareja.

Luchar por una historia de amor

El amor en una relación de pareja no es lineal. Se viven ciclos de mayor acercamiento y otros de distanciamiento. Una terapia de pareja es un buen marco de crecimiento personal para ambos.

La ayuda de la psicología de pareja es vital para construir los cimientos de un amor sano en el que puedas implicarte como protagonista.

 

 

 

 

Critican en ti lo que no les gusta de sí mismos

criticas

 

Así como todos somos admirables en alguna medida, todos somos criticables también. Si le buscas defectos morales a San Francisco de Asís, seguro los encuentras. Si le buscas salidas tontas a Albert Einstein, de seguro también se las encontrarás.

Ahí está precisamente la clave del asunto: cada quien ELIGE qué ver y qué no ver en los demás. Generalmente esa elección está asociada a la forma como la persona que evalúa se percibe a sí misma. O sea: si se aprecia y rescata lo bueno de sí mismo, también verá lo bueno en los demás. Y al contrario.

Lo que sucede en el fondo es que las fallas de los demás, de manera inconsciente, les recuerdan sus propias fallas. No toleran en los demás lo que no toleran en sí mismos. O, en otras palabras, proyectan en los demás sus propias fallas, para no sufrir la herida narcisista de reconocerlas en ellos mismos.

La crítica por la crítica misma, casi siempre entraña una proyección. O sea, es muy usual que se critique a los demás por ser los portadores de rasgos que no nos gustan de nosotros mismos. Pero no lo hacemos adrede, simplemente no hemos hecho consciente que esto nos ocurre.

Vale la pena que estemos atentos a aquello que no soportamos de los otros. Si agudizamos nuestra observación, probablemente nos daremos cuenta de que esa intolerancia habla más de nosotros mismos que de los demás.

De la misma manera, cuando somos criticados no debemos tragar entero. Sería aconsejable que pensáramos en por qué esa persona eligió ver ese elemento negativo de nosotros. Es muy probable que lleguemos a la conclusión de que su crítica, en realidad, apunta hacia un territorio oculto de ellos mismos, y no hacia nuestra conducta.

Somos más fuertes de lo que creemos

 

La vida nos pone a prueba. Ahora más que nunca estamos viviendo una situación inaudita, el mundo se enfrenta a una crisis que requiere de cada uno de nosotros nuestras mejores capacidades. Situaciones de gran estrés, dolor e incertidumbre como la que actualmente estamos sufriendo, o como pueden ser una ruptura de pareja, la muerte de un ser querido o los problemas económicos, provocan en las personas sensaciones de miedo y ansiedad similares a las que puede experimentar un profesional que ve pasar los meses sin conseguir trabajo.

Es entonces cuando hay que echar mano de la RESILIENCIA, un concepto ahora muy en boga, y que no es más, que la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. En psicología consideran que no solo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas, sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.

Ante una situación extrema tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.

La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. Las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

La resiliencia no es una cualidad innata, es algo que todos podemos desarrollar a lo largo de la vida. Los hay que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo a seguir, mientras que otras personas han encontrado el camino de la resiliencia por sí solas. De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas.

Características de una relación sana

 

En su libro, «El matrimonio y sus alternativas» (1972), Carl Rogers se pregunta por la diferencia entre una pareja funcional y una disfuncional.
Una pareja funcional es aquella que permite la satisfacción mutua, pero también el desarrollo personal y la felicidad individual; estas relaciones tienden a permanecer y resisten a las circunstancias adversas. Las parejas disfuncionales, en cambio, llevan a la infelicidad y terminan en separación o divorcio.

Dedicación o voluntad

Ambos se comprometen mutuamente a trabajar juntos en su relación, porque esta enriquece sus vidas, y no solamente por la carga pesada de una obligación, un contrato matrimonial, los hijos, o la sacralidad del matrimonio. Ambos, podríamos decir, permanecen porque la relación les satisface y la desean genuinamente.

Comunicación

Ambos están dispuestos a comunicar sus sentimientos, negativos o positivos, hacia su compañera o compañero, siempre que estos sentimientos sean persistentes. De la misma manera, ambos están dispuestos a comprender empáticamente las comunicaciones del otro, aunque sean acusadoras, incómodas o autorreveladoras.

Disolución de roles

En las parejas duraderas, las expectativas señaladas por la cultura o subcultura parecen tener una importancia secundaria, los roles juegan un papel cada vez menor. Rechazan el molde de la opinión y las normas de terceros, y escogen ellos mismos sus propias opciones, expectativas e ideales.

Convertirse en un yo separado

Cada uno de los miembros se individualiza, se afirma como una personalidad fuerte e independiente. Cada quien se autodescubre y es consciente de su experiencia interna, sus sentimientos profundos.

Arrebatos de ira

 

Los arrebatos de ira pueden afectar de forma negativa a distintas áreas de nuestra vida. Las relaciones personales se deterioran o se rompen y las laborales pueden verse afectadas y comprometer nuestro empleo.

 

Qué son los arrebatos de ira

La ira es una emoción normal que resulta adaptativa en cuanto a que nos avisa de que están atacando nuestra integridad, vulnerando nuestros derechos o dejando de satisfacer nuestras necesidades. Sin embargo, cuando se apodera de nosotros o es desproporcionada al daño sufrido, sufrimos un arrebato de ira.

Estos arrebatos de ira son perjudiciales para nosotros mismos y para nuestro entorno. No solo deterioran las relaciones sociales, con todo lo que eso conlleva, sino que afecta a nuestra salud mental y habitualmente también a la salud física.

Causas de los arrebatos de ira

Como hemos mencionado, la ira aparece cuando algo nos frustra, nos duele o nos parece injusto. En ese tipo de situaciones lo adaptativo es sentirse enfadado, dolido, frustrado o decepcionado, pero en ocasiones sentimos rabia, cólera o furia. Estas reacciones se deben fundamentalmente a una serie de creencias erróneas o irracionales acerca de nosotros mismo, de los demás y del mundo en general, que hemos adoptado como ciertas:

  • Yo debo hacer las cosas bien y ganarme la aprobación de los demás. En caso contrario, soy malo.” Esta creencia a menudo conduce a la ansiedad, la depresión, la vergüenza y la culpa.
  • Los demás deben tratarme bien. Deben ser amables y justos conmigo. Deben tratarme como yo quiero. En caso contrario, son malos y merecen un castigo.” Esta creencia conduce a la ira, la agresión pasiva y la violencia.
  • El mundo debe darme lo que quiero y no lo que no quiero. En caso contrario, es terrible y no lo puedo soportar.” Esta creencia conduce a la postergación.

Comprender que no es posible ser perfectos ni exigir a los demás que lo sean, que no podemos agradar a todos y que las cosas no van a salir siempre como nos gustaría; es el primer paso para responder de manera adaptativa y disminuir los arrebatos de ira.

Cómo controlar los arrebatos de ira en adultos

Para aprender a controlar nuestra ira de manera efectiva y a largo plazo trabajaremos sobre nuestros pensamientos, ya que son los causantes de las reacciones desproporcionadas y está en nuestras manos cambiarlos por otros racionales y adaptativos.

La terapia racional emotivo conductual (TREC) de Albert Ellis proporciona excelentes resultados. Esta técnica propone que un acontecimiento (A) activa nuestros pensamientos o creencias (B) que causan nuestras emociones o conductas (C). Es decir que no es el acontecimiento (A) en que causa las emociones y conductas (C), sino que son nuestros pensamientos o creencias (B) los causantes. Y estos pensamientos y creencias (B) se pueden modificar.

Los pensamientos más comunes asociados a las creencias irracionales que generan nuestra ira son:

  • Calificar de terrible una situación. Ej: “Es terrible que me haya pasado esto”.
  • Pensar que alguien o algo debería ser distinto a como es. Ej: “no debería haber hecho eso”, “no debería actuar de esa manera”.
  • Pensar que lo sucedido es insoportable o intolerable. Ej: “es intolerable que me traten así”, “no soporto esa situación”.
  • Generalizar y etiquetar a alguien por un hecho concreto. Ej: “Ha actuado mal, así que es una mala persona y debe ser castigada”.

Una vez que identificamos los pensamientos o creencias irracionales, debemos analizar si son tan ciertos como creemos.  Luego los sustituiremos por otros pensamientos más reales y beneficiosos.

Poco a poco y con práctica conseguiremos ir modificando esos pensamientos y tendremos la habilidad necesaria para calmarnos y reaccionar ante un arrebato de ira inminente. Sabremos al fin manejar nuestra ira.

Otras ideas para manejar la ira:

  • Practicar la relajación para reducir nuestra activación ante un arrebato de ira.
  • Utilizar el humor para restar importancia a la situación que nos genera la ira.
  • Practicar el cambio de pensamientos y la relajación exponiéndonos a situaciones que nos provocan ira.
  • Aceptarnos a nosotros mismos nos aportará seguridad y también nos ayudará a que no nos afecten tanto los acontecimientos que no nos gustan.
  • Tiempo fuera. Salir de la situación que nos provoca ira, para reducir nuestra activación, cuando esto sea posible.

Cómo controlar los arrebatos de ira en niños

Lo más importante y a la vez lo más difícil ante el arrebato de ira de un menor es mantener la calma. Los niños y niñas aprenden por imitación. Además, si nos enfadamos o mostramos agresivos favoreceremos la rabieta.

Cuando el niño o niña se calme intentaremos hablar con él o ella. Preguntaremos qué causó su enfado y cómo se sintió durante y después del arrebato. Debemos utilizar palabras adecuadas a su edad.

El saber qué causó su ira nos permitirá enseñarle soluciones alternativas que le harán sentir mejor si se diera una situación similar. Reforzar las conductas aceptables las mantiene.

Técnicas que ayudan a los niños a manejar la ira

Podemos enseñar las siguientes técnicas y estrategias a los infantes para que aprendan a gestionar la ira adecuadamente.

  • Trabajar la empatía. Puedes ayudarte de muñecos, o historietas mientras le cuentas cómo se va sintiendo el protagonista.
  • Canalizar su ira. Proponerle una actividad que le permita canalizar su ira en ella en lugar de hacerlo contra las cosas que le rodean. Puede ser colorear, jugar con plastilina… Cuando son más mayores escribir sobre cómo se sienten es muy recomendable.
  • Entrenamiento en relajación utilizando técnicas apropiadas para su edad y haciéndolo con ellos y ellas como un juego
  • Liberar tensiones a través de juegos o deportes. Los deportes de equipo además favorecen las relaciones sociales.
  • Inteligencia emocional. Aprender sobre las distintas emociones les resultará de utilidad para lograr manejarlas
Bibliografía
  • Buela-Casal, G. Sierra, J.C. (2009). Manual de evaluación y tratamientos psicológicos. Madrid: Biblioteca Nueva.
  • Ellis, A. (2007). Controle su ira antes de que ella lo controle a usted. Barcelona: Paidós.
  • Vallejo Pareja, M.A. (1998). Manual de terapia de conducta. Madrid: Dykinson.