Arrebatos de ira

 

Los arrebatos de ira pueden afectar de forma negativa a distintas áreas de nuestra vida. Las relaciones personales se deterioran o se rompen y las laborales pueden verse afectadas y comprometer nuestro empleo.

 

Qué son los arrebatos de ira

La ira es una emoción normal que resulta adaptativa en cuanto a que nos avisa de que están atacando nuestra integridad, vulnerando nuestros derechos o dejando de satisfacer nuestras necesidades. Sin embargo, cuando se apodera de nosotros o es desproporcionada al daño sufrido, sufrimos un arrebato de ira.

Estos arrebatos de ira son perjudiciales para nosotros mismos y para nuestro entorno. No solo deterioran las relaciones sociales, con todo lo que eso conlleva, sino que afecta a nuestra salud mental y habitualmente también a la salud física.

Causas de los arrebatos de ira

Como hemos mencionado, la ira aparece cuando algo nos frustra, nos duele o nos parece injusto. En ese tipo de situaciones lo adaptativo es sentirse enfadado, dolido, frustrado o decepcionado, pero en ocasiones sentimos rabia, cólera o furia. Estas reacciones se deben fundamentalmente a una serie de creencias erróneas o irracionales acerca de nosotros mismo, de los demás y del mundo en general, que hemos adoptado como ciertas:

  • Yo debo hacer las cosas bien y ganarme la aprobación de los demás. En caso contrario, soy malo.” Esta creencia a menudo conduce a la ansiedad, la depresión, la vergüenza y la culpa.
  • Los demás deben tratarme bien. Deben ser amables y justos conmigo. Deben tratarme como yo quiero. En caso contrario, son malos y merecen un castigo.” Esta creencia conduce a la ira, la agresión pasiva y la violencia.
  • El mundo debe darme lo que quiero y no lo que no quiero. En caso contrario, es terrible y no lo puedo soportar.” Esta creencia conduce a la postergación.

Comprender que no es posible ser perfectos ni exigir a los demás que lo sean, que no podemos agradar a todos y que las cosas no van a salir siempre como nos gustaría; es el primer paso para responder de manera adaptativa y disminuir los arrebatos de ira.

Cómo controlar los arrebatos de ira en adultos

Para aprender a controlar nuestra ira de manera efectiva y a largo plazo trabajaremos sobre nuestros pensamientos, ya que son los causantes de las reacciones desproporcionadas y está en nuestras manos cambiarlos por otros racionales y adaptativos.

La terapia racional emotivo conductual (TREC) de Albert Ellis proporciona excelentes resultados. Esta técnica propone que un acontecimiento (A) activa nuestros pensamientos o creencias (B) que causan nuestras emociones o conductas (C). Es decir que no es el acontecimiento (A) en que causa las emociones y conductas (C), sino que son nuestros pensamientos o creencias (B) los causantes. Y estos pensamientos y creencias (B) se pueden modificar.

Los pensamientos más comunes asociados a las creencias irracionales que generan nuestra ira son:

  • Calificar de terrible una situación. Ej: “Es terrible que me haya pasado esto”.
  • Pensar que alguien o algo debería ser distinto a como es. Ej: “no debería haber hecho eso”, “no debería actuar de esa manera”.
  • Pensar que lo sucedido es insoportable o intolerable. Ej: “es intolerable que me traten así”, “no soporto esa situación”.
  • Generalizar y etiquetar a alguien por un hecho concreto. Ej: “Ha actuado mal, así que es una mala persona y debe ser castigada”.

Una vez que identificamos los pensamientos o creencias irracionales, debemos analizar si son tan ciertos como creemos.  Luego los sustituiremos por otros pensamientos más reales y beneficiosos.

Poco a poco y con práctica conseguiremos ir modificando esos pensamientos y tendremos la habilidad necesaria para calmarnos y reaccionar ante un arrebato de ira inminente. Sabremos al fin manejar nuestra ira.

Otras ideas para manejar la ira:

  • Practicar la relajación para reducir nuestra activación ante un arrebato de ira.
  • Utilizar el humor para restar importancia a la situación que nos genera la ira.
  • Practicar el cambio de pensamientos y la relajación exponiéndonos a situaciones que nos provocan ira.
  • Aceptarnos a nosotros mismos nos aportará seguridad y también nos ayudará a que no nos afecten tanto los acontecimientos que no nos gustan.
  • Tiempo fuera. Salir de la situación que nos provoca ira, para reducir nuestra activación, cuando esto sea posible.

Cómo controlar los arrebatos de ira en niños

Lo más importante y a la vez lo más difícil ante el arrebato de ira de un menor es mantener la calma. Los niños y niñas aprenden por imitación. Además, si nos enfadamos o mostramos agresivos favoreceremos la rabieta.

Cuando el niño o niña se calme intentaremos hablar con él o ella. Preguntaremos qué causó su enfado y cómo se sintió durante y después del arrebato. Debemos utilizar palabras adecuadas a su edad.

El saber qué causó su ira nos permitirá enseñarle soluciones alternativas que le harán sentir mejor si se diera una situación similar. Reforzar las conductas aceptables las mantiene.

Técnicas que ayudan a los niños a manejar la ira

Podemos enseñar las siguientes técnicas y estrategias a los infantes para que aprendan a gestionar la ira adecuadamente.

  • Trabajar la empatía. Puedes ayudarte de muñecos, o historietas mientras le cuentas cómo se va sintiendo el protagonista.
  • Canalizar su ira. Proponerle una actividad que le permita canalizar su ira en ella en lugar de hacerlo contra las cosas que le rodean. Puede ser colorear, jugar con plastilina… Cuando son más mayores escribir sobre cómo se sienten es muy recomendable.
  • Entrenamiento en relajación utilizando técnicas apropiadas para su edad y haciéndolo con ellos y ellas como un juego
  • Liberar tensiones a través de juegos o deportes. Los deportes de equipo además favorecen las relaciones sociales.
  • Inteligencia emocional. Aprender sobre las distintas emociones les resultará de utilidad para lograr manejarlas
Bibliografía
  • Buela-Casal, G. Sierra, J.C. (2009). Manual de evaluación y tratamientos psicológicos. Madrid: Biblioteca Nueva.
  • Ellis, A. (2007). Controle su ira antes de que ella lo controle a usted. Barcelona: Paidós.
  • Vallejo Pareja, M.A. (1998). Manual de terapia de conducta. Madrid: Dykinson.

Consejos para superar la dependencia emocional

 

Cuando tu felicidad depende de otras personas, entonces eres una persona emocionalmente dependiente. Esta situación problemática provoca que te sientas adicto a tu pareja pese a que las cosas entre vosotros no vayan bien.

Y aunque ya sepas que no estás bien en tu relación desde hace tiempo, no tienes la fuerza suficiente para dar un paso al frente por el miedo a la incertidumbre o por no confiar en ti mismo/a a la hora de afrontar las situaciones que puedan aparecer en tu día a día. Te da miedo estar en soledad, y prefieres quedarte ahí a sabiendas que no eres feliz.

Si te sientes identificado con esto y crees que sería positivo salir de esta situación, en este artículo puedes ver algunas claves y consejos para convertirte en una persona emocionalmente independiente.

 

Cómo salir de esta situación tan dolorosa

Aunque los hombres suelen ocultar este problema por vergüenza a reconocer y expresar que dependen emocionalmente de otra persona, este fenómeno afecta por igual a ambos sexos.

La dependencia emocional provoca un gran sufrimiento porque quien la experimenta piensa que es incapaz de vivir sin la otra persona, y ocurre cuando ésta tiene una baja autoestima o unas creencias erróneas de lo que debería ser una relación. Es un tipo de amor inmaduro que no tiene futuro. Hace falta coraje y valentía para aprender a superar la dependencia emocional, pero vale la pena hacerlo para que uno sea finalmente capaz de tomar el control de su propia vida.

 

Consejos para superar la dependencia emocional

Si deseas superar la dependencia emocional y convertirte en una persona con mayor autonomía e independencia, puedes seguir los consejos que vas a encontrar a continuación:

1. Sé honesto contigo mismo y reconoce que hay un problema

Una de las cosas más complicadas de hacer cuando alguien se encuentra en esta situación es hacer una reflexión profunda sobre lo que está ocurriendo. Es más fácil mirar para otro lado o culpar a otras personas que mirar para adentro y reconocer que tenemos un problema.

Tomarse un tiempo para la autoobservación y reconocer de forma sincera que hay un problema es el principio para poder dar un paso al frente y acabar con la dependencia emocional.

2. No tengas miedo a la incertidumbre

Y es que, muchas veces, es el miedo a estar solos lo que nos hace volver y volver a esa relación tóxica que nos causa tanto dolor y sufrimiento. Cuando sentimos que el futuro solos es incierto, preferimos quedarnos ahí, en el lugar que ya conocemos. Por tanto, es necesario salir de la la zona de confort y adoptar una actitud positiva frente al cambio.

3. Aprende a decir “no”

Aprender a ser asertivo es esencial para gozar del equilibrio emocional necesario para disfrutar de un mayor bienestar. Ser asertivo significa decir lo que uno piensa respetando a la otra persona con la que interactúa. Es decir, se trata de respetar a la otra parte, pero también significa respetarse a uno mismo. Aprender a decir “no” es imprescindible para recuperar la autonomía emocional.

4. Trabaja en ti mismo

El principal problema de las personas que son emocionalmente dependientes es que están demasiado pendientes de la otra persona y se olvidan de quién son. Uno debe perseguir sus metas, tener sus aficiones y trabajar en crecer cada día un poco como ser humano, en otras palabras, autorrealizarse. Para dejar de ser una persona emocionalmente dependiente, una de las claves es luchar por el propio desarrollo personal.

5. Y… refuerza tu autoestima

Trabajar en uno mismo es el primer paso para reforzar la propia autoestima, que, como ya se ha dicho, es una de las principales causas por las que un individuo se encuentra en esta situación. Además, cuanto más tiempo se esté en esta relación tóxica, más se sufre las consecuencias en lo relativo a la autoestima.

 

6. Revisa tus creencias

Otra de las causas principales por las que alguien puede acabar en una situación de dependencia emocional son las creencias que uno mismo tiene sobre qué es el amor y cómo debe ser una relación de pareja.

Para evitar esto, es necesario cuestionarse las propias creencias y tener un pensamiento crítico respecto a éstas. En las películas el amor puede parecer muy bonito, pero la realidad es distinta. No hay que forzarse en estar en pareja por miedo a estar solo o por la necesidad de tener pareja y casarse.

Se puede gozar de una gran satisfacción y bienestar estando soltero.

 

7. Relaciónate con otras personas

También puede suceder que la persona emocionalmente dependiente tenga un vida social pobre, pocos amigos o se sienta aislada. Esto provoca una situación complicada, porque la persona no tiene a nadie con quien hablar y explicarle lo que le sucede. Además, tener una vida social activa hace que disfrutemos de relaciones mucho más sanas y no dependamos tanto de una sola persona.

8. Sé valiente

Para salir de esta situación es necesario asumir la responsabilidad, porque tu puedes elegir entre quedarte ahí y dar un paso al frente para acabar con el problema. Hay que ser valiente y no temer al futuro. Para ello, no hay nada como marcarse objetivos a corto plazo y que estén muy claros desde el principio. Los cambios requieren un periodo de adaptación, y con el tiempo no te arrepentirás de haber tomado la decisión de dejar atrás esta relación tóxica.

9. Resiste a la tentación de volver atrás

Evidentemente, habrá momentos más fáciles y momentos más difíciles al dar un paso al frente. Pero debes saber que el cambio nunca es fácil y que pueden haber altibajos en el camino. Entender esto puede hacer que seas consciente de que debes resistir la tentación de volver atrás.

10. Aprende a amar de forma saludable

Para comenzar a sanear nuestra relación debemos amar de forma saludable y dejar atrás muchas creencias limitantes que llevamos incorporadas y que nos impiden disfrutar de las relaciones en su plenitud. Como dicen los expertos en desarrollo personal, se trata de una mochila muy pesada. Pasar de la dependencia emocional a la autonomía afectiva es una de las claves para lograr el bienestar en pareja, y para ello, es necesario amar de forma madura.

 

11. Evita las expectativas de otras personas

Es probable que muchas de las personas emocionalmente dependientes tengan expectativas poco realistas y excesivamente intensas acerca de lo que pueden esperar de los demás. Esto suele provocar una idealización hacia la otra parte, y no es una decisión acertada suplir el vacío que podemos sentir con nosotros mismos con la necesidad de tener a alguien a nuestro lado a toda costa.

Vivir con esta imagen ilusoria de otra persona puede ser peligroso, porque incluso ante la evidencia de que las expectativas que tenemos no son ciertas, dichas expectativas pueden mantenernos aferrados a algo imaginario, a una imagen irreal de lo que es la otra persona. Darse cuenta de esto puede ayudar a superar la dependencia emocional.

12. Busca ayuda profesional

En algunos casos, estos consejos pueden ayudarte a superar esta situación y a darte cuenta de cuál es el problema. Ser consciente de que eres emocionalmente dependiente, reconocer que tienes miedo a estar en soledad y trabajar para crecer y desarrollarte como persona, son estrategias que van a ayudarte a mejorar tu bienestar y empoderarte frente a la vida y la incertidumbre.

Sin embargo, salir de este oscuro lugar, la relación tóxica, no siempre es fácil. La mejor manera de lograrlo es buscando ayuda profesional, pues un psicólogo puede ayudarte a adquirir herramientas para mejorar tu autoestima, tus habilidades interpersonales y, por tanto, tu bienestar.

Amor y apego: ¿Cuál es la diferencia?

 

Amor y dependencia no son sinónimos, ni mucho menos. Puede que el mundo de las emociones y de las relaciones humanas sea confuso y difícil de investigar, pero lo cierto es que estos dos elementos presentan muchas diferencias que permiten discriminar entre el uno y el otro. Y menos mal, porque las consecuencias de confundirlos pueden llegar a ser muy negativas.

Desafortunadamente, los mitos acerca del afecto y sobre las relaciones de pareja hacen que no todo el mundo tenga claras las diferencias entre la dependencia emocional y el amor. Muchas veces, el simple hecho de creen en un estereotipo sobre cómo debe ser la relación amorosa perfecta hace que quedemos tan encasillados como los conceptos que utilizamos para pensar en el cariño y los lazos afectivos.

 

Distinguir entre la dependencia y el amor

 

1. Búsqueda de contacto vs. Evitación de la soledad

En la dependencia emocional, todo lo que nos aporta la relación está planteado en un sentido negativo, mientras que con el amor ocurre lo contrario. Eso significa que en el primer caso el contacto con la otra persona es una herramienta para hacer que desaparezca el malestar, mientras que en el amor la compañía y la presencia del otro es algo que produce bienestar.

Dicho de otro modo, en el amor estar con alguien aporta un valor positivo, mientras que en el caso de la dependencia emocional esto es visto como un recurso para evitar la falta de alguien, y por consiguiente se busca la eliminación de algo negativo.

2. Vivir la experiencia vs. Disponer de herramientas

Prácticamente todo lo bueno que nos brinda una relación amorosa tiene que ver con el valor subjetivo de la experiencia de estar con alguien. Es decir, no podemos explicar con palabras qué aspectos de nuestra vida se ven mejorados con la presencia de alguien a quien queremos.

Sin embargo, con la dependencia ocurre más bien lo contrario. Aquí, cuando pensamos en la relación tendemos a identificar aspectos muy concretos de nuestra vida en los que se nota la presencia del otro. Por ejemplo, la posibilidad de acceder a un grupo de amigos, el hecho de no tener que volver a vivir en la casa de los padres, etc. De algún modo, la relación es vista como una suma de estas opciones de mejorar nuestra vida, no es algo que vaya mucho más allá de esta unión de ventajas.

3. Opción de negociar vs. Fe ciega en la relación

En el amor, se tiene claro que, aunque para mantener una relación estable hay que hacer ciertos sacrificios, estos deben ser razonables y es perfectamente legítimo cuestionar sus límites.

La diferencia que este aspecto marca con respecto a la dependencia es que en esta segunda los límites ni siquiera son cuestionados por puro miedo. Aquí, la relación no es vista como algo dinámico que puede ir adaptándose a las necesidades de ambos, sino que se percibe más bien como una serie de normas rígidas en las cuales hay que encajar. Esto hace que la dependencia crezca más, ya que la posibilidad de dañar la relación con cualquier pequeño detalle hace que se le esté prestando atención constantemente.

4. Atención al bienestar vs. Atención a las obsesiones

En el amor, lo que importa es el bienestar de las personas involucradas, y la relación es tan solo el medio a través del cual se produce el encaje entre personas que disfrutan del contacto mutuo.

En el caso de la dependencia, sin embargo, la atención va dirigida a la idea de la relación en sí, que casi siempre está compuesta por estereotipos y rituales que hay que repetir una y otra vez. Es decir, se utiliza la relación como una manera de darle una estructura predecible y estable al día a día.

 

5. Querer a esa persona vs. Querer lo que nos ofrece esa persona

En el amor, la diana de todas las emociones positivas que experimentamos en la relación es siempre la persona por la que sentimos ese vínculo emocional fuerte.

En cambio, en situaciones de dependencia, lo que se valora es todos esos cambios que la posibilidad de relacionarse con esa persona ha introducido en nuestras vidas.

6. Flexibilidad vs. Horarios fijos

En el amor la libertad de cada persona involucrada es algo que se da por hecho. Eso significa que, por defecto, se asume que cada uno puede hacer lo que quiera, y las excepciones tienen que esta previstas y contar con una justificación.

En la dependencia, lo que se da por hecho es una cierta rutina, con lo que cualquier transgresión de estas costumbres produce malestar.

Es por eso que una de las principales diferencias entre el amor y la dependencia es que la segunda puede ser comparada metafóricamente con una adicción, ya que consume gran parte del tiempo y el mayor impacto emocional que provoca es el malestar generado al salirse de los horarios.

7. Potenciación de la baja autoestima

El amor no tiene por qué hacer que nuestra autoestima mejore, pero la dependencia sí hace que esta empeore. El motivo es que , al percibirse constantemente una sensación de vulnerabilidad, las preocupaciones orientadas a hechos que no dependen de uno mismo (como el hecho de que la otra persona lleve unos minutos de retraso al volver a casa) alimentan la idea de que no se puede hacer nada por evitar el malestar.

Las personas no cambian, ¿o sí?

 

Cuántas veces hemos escuchado frases como «las personas no cambian con el tiempo el tiempo te muestra lo que en realidad son» o que «la gente puede cambiar por amor». ¿Alguna de estas afirmaciones es cierta? La realidad es que la personalidad tiene una parte innata y otra aprendida, por lo que hay rasgos que permaneces y otros que pueden adaptarse.

 

¿Por qué las personas cambian de actitud?

Rosenberg y Rovland (1960) intentaron brindar un significado al término de actitud formulando un modelo tripartito muy parecido a la teoría racional emotiva de Ellis, debido a que, ante un estímulo actitudinal, se manifiestan tres tipos diferentes de respuesta:

  1. Respuestas cognitivas: creencias y pensamientos acerca del objeto.
  2. Respuestas evaluativas: emociones asociadas al objeto (repulsión, placer, displacer o atracción).
  3. Respuestas conductuales: se expresan en las intenciones de actuar.

Con este planteamiento podemos definir que la actitud es la categorización de un estímulo a lo largo de una dimensión evaluativa que se basa en tres clases de información: cognitiva, afectiva o emocional y conativa o comportamental.

De acuerdo a la propuesta que ofrecen los autores anteriores podemos concluir que las acciones que realizamos (nuestras conductas) van precedidas de factores cognitivos y emocionales y por tanto forman parte de una sola expresión, la actitud. Empero a estos factores se les adjudica componentes orgánicos y sociales, de los cuales muchas veces somos inconscientes y de los que tampoco podemos prescindir tan fácil.

Es por esto que concluimos con la siguiente propuesta de que las personas no cambian, sino que simplemente se adaptan mejor. Podemos resistirnos, regular y negar que estamos provistos de instintos, pero jamás podremos provocar la abolición o supresión de todo aquello de lo que fuimos dotados por millones de años de evolución filogenética. Estamos compelidos a una adaptación social sana.

Carl G. Jung (1960) “Tener una actitud es estar dispuesto a una cosa determinada, aunque sea inconsciente; lo que significa: tener a priori una dirección hacia un fin determinado, representado o no. La disposición que es para mí la actitud consiste siempre en la presencia de una cierta constelación subjetiva, combinación determinada de factores o de contenidos psíquicos que determinan esta o aquella dirección de la actividad o esta o aquella interpretación del estímulo externo”.

¿Por qué motivos las personas cambian su forma de ser?

Se definía a la actitud como una categorización de los estímulos a los que progresivamente somos expuestos. La actitud está constituida por factores emocionales y cognitivos que posteriormente pueden llegar a una conducta a favor o en contra del estímulo; emociones y razonamientos se construyen pero también se heredan; estamos predispuestos a presentar con mayor frecuencia e intensidad algunas emociones e ideas sin reforzamiento alguno. Así como nuestro aprendizaje social aviva o apaga determinadas actitudes, también lo hace nuestra herencia genética.

Anteriormente se explicaba que ninguno de nosotros será capaz de eliminar por completo nuestros instintos inconscientes por el mero deseo de hacer la diferencia, pero creo que sí podemos aprender nuevos mecanismos de adaptación.

Creemos que cambiamos nuestra forma de ser, es decir, cambiar de actitudes (formas de pensar, sentir y actuar); y muchas veces la idea de algún cambio en nuestra actitud asusta más a los demás que a nosotros mismos, pues somos inconscientes sobre estos cambios la mayor parte del tiempo (por ejemplo, de repente dejamos de jugar lo que nos entretenía cuando niños, abandonamos los juguetes, ya no lloramos cuando mamá nos deja solos en la escuela, dejamos de acortejar de la misma forma que lo hacíamos, dejamos de llorar porque nos abandonan, nos vinculamos de manera diferente, en general, como dijimos al inicio algunas cosas dejan de tener prioridad en nuestra vida y otras que antes no, pasan a serlo).

Nos adaptamos porque lo necesitamos. Necesitamos adaptarnos porque es nuestro mismo contexto quien nos lo demanda, de lo contrario seguiríamos sin restricción alguna nuestros instintos.

Un ejemplo algo fácil para entender esta propuesta es el siguiente: un adolescente que ha crecido en una familia que no cuenta con principios, valores morales o cualquier tipo de precepto que contribuyeran a la regulación de su conducta y sobre esto ha convido en una familia con vinculación deficiente entre sus miembros. Y sumado a todas estas desventajas para el adolescente, no ha experimentado el acercamiento a un posible modelo externo a su familia que facilite sus relaciones sociales (profesores, pedagogos, líderes o personajes públicos). Son muchas las posibles consecuencias en la actitud del adolescente, pero en este ejemplo propongamos una actitud irascible, promiscua, provocadora, desinhibida y despreocupada que le ha facilitado la integración, adaptación y aceptación en determinados grupos que estimen esta actitud, pero que conforme las va desarrollando también surgen sus efectos nocivos, el corolario buscar una forma más adaptativa para relacionarse a pesar de que sus deseos inconscientes sean otros, a pesar de sus instintos. Cambiamos por la consecución de nuestras ambiciones.

¿Las personas cambian con el paso del tiempo?

Quizá algunos manifestamos actitudes distantes, de extrañeza, de inhibición, quejumbrosas, de desconfianza en nosotros mismos y muy complacientes cuando atravesábamos la adolescencia. Pero estas actitudes poco a poco se fueron disipando con la práctica constante de otras como de colaboración, de confianza y de interés.

Ese cambio que las personas hacen con el paso del tiempo se desarrolla gracias a las múltiples experiencias que han tenido. Así como se expuso anteriormente, los cambios son demandas de nuestro contexto, imperativos del ambiente que dan lugar a las premisas “el más apto sobrevive”; “hay que adaptarse para sobrevivir”; nuestra actitud de inhibición y de desconfianza ya no nos permite sobrevivir, nos está imposibilitando y por lo tanto hacemos un cambio en ella.

Por qué las personas cambian en una relación

Las personas cambian por amor? Los cambios pueden ser muy variados y no solo van dirigidos a un esquema, pero obviamente van de un polo opuesto al otro (del negro al blanco o la inversa). Los cambios en una relación pueden surgir por las conocidas fases del enamoramiento, en donde en cada una de ellas se vive una actitud diferente.

Razones por las que la gente cambia en una relación

Pero estos cambios pueden también pueden surgir por alguna de las siguientes razones:

  1. Inseguridad que provoca temor de perder la relación.
  2. «Comodidad»: ya se ha logrado la conquista, por lo tanto ya no hay razón para seguir esforzándose.
  3. Confianza: los cambios se dan por la confianza que surge entre las dos personas.
  4. Influencia externa: situaciones sociales (por ejemplo, la desaprobación de las personas importantes para alguno de los dos).
  5. Trastornos de personalidad o algún otro tipo de psicopatología.

 

Tipos de duelo y sus características

 

El duelo es considerado como aquellos procesos psicológicos y sociales que llevan a cabo los individuos tras una pérdida. Según cómo haya sido la pérdida, según la relación del deudo con el difunto y según las estrategias y habilidades de afrontamiento que tenga la persona, el duelo tendrá unas características u otras. Aunque cada duelo es diferente, podemos encontrar características similares en duelos con circunstancias parecidas.

Cuáles son los diferentes tipos de duelo

En primera instancia, veremos la definición de duelo según la Real Academia Española.

Qué es el duelo

Según encontramos en la RAE, este término puede tener distintos significados:

  1. Dolor, lástima, aflicción o sentimiento.
  2. Demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien.
  3. Reunión de parientes, amigos o invitados que asisten a la casa mortuoria, a la conducción del cadáver al cementerio o a los funerales.
  4. Hay otro sentido de duelo, al menos en castellano, que hace referencia a desafío, combate entre dos, que algunos autores han querido relacionarlo con la elaboración del duelo y el desafío que supone la organización de la personalidad del deudo.

A continuación, les dejamos una lista con los distintos duelos los cuales puede llegar a experimentar un individuo y que, posteriormente, definiremos con mayor detalle. Sin embargo, cabe indicar que cualquier tipo de duelo que no siga un proceso sano, será conocido como duelo patológico ya que produce que la persona que lo sufre desarrolle una patología.

Listado de los tipos de duelo:

  1. Anticipado
  2. Crónico
  3. Ausente o retardado
  4. Congelado o inhibido
  5. Desautorizado
  6. Distorsionado
  7. Ambiguo
  8. Exagerado o eufórico
  9. Enmascarado
  10. En niños y niñas
  11. Psiquiátrico

Duelo anticipado

La persona que vive este tipo de duelo, ha empezado a sentir el dolor de la pérdida incluso cuando esta no ha tenido lugar como tal. El sujeto es consciente que va a vivir dicha pérdida de modo irremediable dentro de un corto periodo de tiempo, por lo que empieza a experimentar todos los procesos psicológicos de modo anticipatorio. Es característico en sujetos los cuales tienen familiares con enfermedades en fases terminales.

Duelo crónico

Los sujetos arrastran el dolor de la pérdida durante muchos años, haciendo que se instaure en su interior sentimientos de desesperanza. Se caracterizan por ser prácticamente incapaces de rehacer su vida, sino que, se quedan completamente anclados en el pasado. Su vida gira en torno a la persona fallecida.

Duelo ausente o retardado

Se niega el fallecimiento de la persona con la que sé esta afectivamente vinculada a causa de una esperanza infundada de retorno. Los sujetos con este tipo de duelo suelen sufrir intensos cuadros clínicos de ansiedad pues, la evolución del duelo normal se ve detenida en la primera fase

Duelo congelado o inhibido

Conocido también por los expertos como duelo pospuesto. Las personas que han sufrido una pérdida no dan signos de dolor o afectación durante las fases iniciales del duelo. Se considera que la persona ha visto sus emociones embotadas, presentando una dificultad para expresarlas y para reaccionar a dicha pérdida.

Duelo desautorizado

Este duelo es sufrido por pares cuyos bebés han fallecido durante la fase perinatal. Se diferencia con el resto de duelos en la cercanía temporal entre el nacimiento y la muerte. Las personas que experimentan este tipo de duelo, suelen verse caracterizadas por comportamientos de shock, insensibilidad, aturdimiento y dificultades en lograr un normal funcionamiento.

Duelo distorsionado

Se manifiesta en los individuos que la sufren como una desproporcionada reacción hacia la pérdida pues, de normal, suele ocurrir cuando la persona ha experimentado un duelo de manera reciente y, por desgracia, se encuentra frente a una nueva situación de duelo.

Duelo ambiguo

Dentro de este duelo, podemos encontrar dos manifestaciones distintas:

  • En la primera de ellas, el sujeto es consciente de que la persona está ausente físicamente, pero no psicológicamente. Es característica en aquellos casos en los cuales no se sabe si la persona se encuentra viva o muerta, sino simplemente desaparecida.
  • Es ciertamente lo contrario. Las personas consideran a los individuos presentes físicamente, pero ausentes psicológicamente. Considerado muy común en familiares de personas mayores con demencias.

Duelo exagerado o eufórico

Este tipo de duelo puede ser expresado o vivenciado de tres formas distintas:

  • Caracterizado por una reacción intensa a la pérdida del ser querido.
  • Negando la muerte de la persona, por lo que el individuo actuará como si esta siguiera con vida.
  • Aceptando la muerte de la persona, pero con la certeza de que ha sido en beneficio hacia su persona.

Duelo enmascarado

Se desarrollan en la persona que ha sufrido la pérdida ciertos síntomas (somatizaciones) los cuales producen dificultades y sufrimiento, sin embargo, estos no son asociados por la persona a la pérdida de la persona con la cual se tenía el vínculo.

Duelo en niños y niñas

Este tipo de duelo depende de la edad del menor, ya que, a consecuencia de esta, tendrán o no cierta comprensión de la situación que están experimentando.

Si se encuentran en torno a los dos años, el infante percibe el sentimiento de separación ante la persona que ha fallecido, sin embargo, no comprende el significado de la muerte, pues no tienen en sus recursos el concepto de muerte como tal.

A partir de los cuatro y hasta los seis años, más o menos, empiezan a desarrollar una limitada comprensión de la muerte. Muchos de estos consideran que una persona que ha muerto podrá volver a la vida posteriormente. En esta etapa, un niño que sufre un proceso de duelo puede retroceder en el control de algunas conductas, como el control de esfínteres.

Ya entre los seis y los nueve años pueden comprender lo que es la muerte y sus consecuencias. Sin embargo, hay que actuar con cautela pues, en esta edad se pueden desarrollar en el menor sentimientos de culpa.

Duelo psiquiátrico

Este duelo desarrolla en el sujeto verdaderos trastornos psiquiátricos los cuales pueden ser:

  • Histérico: la persona se identifica con el fallecido, llegando a presentar los mismos síntomas que le llevaron a este a la muerte.
  • Obsesivo: acaban desarrollando una depresión grave y prolongada la cual tienen en su base la culpa que siente la persona.
  • Maníaco: alterna cuadros de completa excitación psicomotriz y humor explosivo con cuadros depresivos.