Qué pasa cuando no se expresan las emociones?

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Antes de responder a esta pregunta tenemos que distinguir entre la persona que no expresa una determinada emoción porque no desea hacerlo o lo considera inapropiado, y la persona que no expresa habitualmente sus emociones porque nunca lo ha hecho.

En el primer caso, no supone ningún problema. En realidad, es bueno ser capaces de controlar nuestras emociones y decidir si deseamos expresarlas o no. Por ejemplo, imagina que sientes una ira intensa en un momento dado y decides no expresarla porque piensas que vas a reaccionar de un modo exagerado que puede crearte problemas, así que optas por esperar a calmarte y pensar con tranquilidad sobre el motivo de tu ira y cómo expresar tu enfado de un modo asertivo. Lo que estás demostrando con este comportamiento es una buena capacidad para manejar tus emociones.

En otros casos, puede que no desees que otras personas sepan lo que sientes, como sucede con el jugador de póker. Por ejemplo, si estás haciendo una entrevista de trabajo y sientes atracción física por la persona que te entrevista, va a ser mucho mejor para ti que ocultes ese sentimiento, o te creará problemas.

Sin embargo, algunas personas no expresan sus emociones de manera habitual, ni siquiera en los momentos en que expresarlas sería la mejor decisión. Suele tratarse de personas que han crecido en familias que tampoco expresaban casi nunca sus emociones. En un ambiente familiar como este, los niños aprenden que las emociones hay que guardárselas para sí mismo o ignorarlas, o que hay algo malo en ellas y son peligrosas.

Pero la expresión de emociones juega un papel muy importante a la hora de aprender acerca de nuestro modo de sentir, aprender a poner nombre a lo que sentimos y aprender a manejar las emociones correctamente. La persona que desde pequeña ha ignorado u ocultado sus emociones, no ha aprendido bien todas estas cosas. Como consecuencia, es posible que tenga problemas para identificar lo que realmente siente. Sabe que no se siente bien, pero no tiene claro por qué o qué le pasa exactamente. Esto hará que tenga una mayor probabilidad de desarrollar síntomas físicos. Es decir, esa emoción no reconocida, ni expresada, ni procesada puede dar lugar a síntomas o enfermedades físicas o dolor físico debido al estado de estrés que genera.

Así mismo, mediante la expresión de emociones aprendemos también a manejarlas correctamente. Si no las expresamos, les tenemos miedo o tratamos de reprimirlas, tampoco aprendemos el modo adecuado de manejarlas. Esto puede tener como consecuencia que, cuando el estrés es demasiado alto y la capacidad para ocultar o ignorar esa emoción se ve desbordada, puede surgir con una intensidad exagerada, descontrolada o en un estallido.

Por este motivo, la persona que no ha aprendido en su infancia a expresar sus emociones, necesita aprenderlo en la edad adulta. Un buen modo de empezar a hacerlo consiste en tener un diario y escribir en él lo que has sentido durante el día, identificar dichas emociones (tanto positivas como negativas) y pensar en modos adecuados de expresarlas. Conforme te sientas más en sintonía con tus emociones y vayas conociendo mejor tu «yo emocional», podrás empezar a expresar más tus emociones en tu trato con los demás. Así podrás practicar y volverte cada vez más competente en el manejo de tus emociones, e incluso es posible que puedas librarte de algún síntoma físico que lleves arrastrando desde hace tiempo.

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