Autenticidad, integridad y honestidad

La autenticidad, integridad y honestidad forman parte de una de las llamadas fortalezas del carácter estudiadas por la psicología positiva, a la que suele llamarse simplemente integridad.

Este aspecto de la personalidad hace referencia a la persona que dice la verdad, acepta la responsabilidad de sus sentimientos y conductas, es sincera consigo misma y con los demás y ofrece una imagen sincera y moralmente coherente de sí misma. Es una persona fiel a sí misma, que se presenta tanto ante los demás como ante sí misma de manera auténtica, conoce y expresa sus auténticas necesidades, emociones e intereses, está dispuesta a conocerse y descubrirse a sí misma y aceptar lo que ve en su interior, sea positivo o negativo, y actúa en base a ello.

Es decir, para expresar de manera auténtica quien eres, debes conocerte, conocer tus deseos, intereses, emociones, valores y vivir tu vida (expresarte) de acuerdo con ellos.

Las personas auténticas se mueven en base a lo que hay en su interior y no sienten que están dirigidas externamente, por la sociedad, por los demás, o por sus propias falsas máscaras o miedos. Por eso, autenticidad es también sinónimo de libertad.

Aunque honestidad, integridad y autenticidad forman parte de un mismo rasgo de personalidad, tienen significados ligeramente distintos. La honestidad hacer referencia a la disposición a decir la verdad, no engañar y ser sinceros con los demás. La autenticidad se refiere a la expresión sincera de lo que realmente siente una persona. Y la integridad se refiere más al conjunto de estas dos características: la persona íntegra es honesta con los demás y consigo misma, se conoce y es fiel a sí misma. Las personas íntegras defienden públicamente sus convicciones morales y tratan a los demás de manera justa, con sensibilidad ante sus necesidades y estando dispuestas a ayudarles si lo necesitan.

El excesivo control externo hace que sea difícil para las personas ser auténticas, pero el excesivo control interno también crea problemas, pues hace que las personas sean más pasivas y estén menos dispuestas a elegir las conductas o acciones que las ayuden a ser fieles a sí mismas. Es decir, si tienes una idea fija y prefabricada sobre lo que deberías ser y tratas de expresarte según esa idea, no estás siendo una persona auténtica.

Autenticidad y roles

La falta de autenticidad no se produce cuando una persona oculta ciertas reacciones emocionales, ideas o información de sí misma a los demás (pues esto puede ser apropiado en determinados contextos), sino cuando las oculta a sí misma.

En su libro, Seligman pone el ejemplo de un cliente de un restaurante que saluda a un camarero diciendo: ¿Cómo estás? Si el camarero responde detallando todos sus problemas gastrointestinales, tal vez sea honesto y auténtico en un sentido literal, pero no lo está siendo como camarero, puesto que está trasgrediendo las normas de lo que se espera en su trabajo.

Seligman explica que existe una tendencia a pensar que la persona auténtica es la que se esconde detrás del rol (ya sea el de camarero, médico o cualquier otro), pero lo cierto es que la representación de roles es parte de la naturaleza humana. No hay, por tanto, engaño ni falta de autenticidad, en el camarero que se comporta como se espera de él, sino tan solo un buen trabajo. Es auténtico el camarero que dice que no le gusta su trabajo y que espera poder dedicarse a otra cosa, y es auténtico el camarero al que le gusta su trabajo y así lo expresa, pero no aquél que trata de engañarse a sí mismo y a los demás diciendo que tiene el trabajo que desea cuando eso no es cierto.

Las personas íntegras suelen pensar cosas como:

Es más importante ser yo mismo que ser popular; cuando las personas siguen diciendo la verdad, las cosas funcionan; nunca mentiría solo para obtener algo que deseo de otra persona; mi vida se guía por un código de valores y obtiene sentido de dicho código; para mí es importante ser abierto y honesto respecto a mis sentimientos; siempre cumplo mis compromisos, aunque eso tenga un coste para mí; no me gustan las personas falsas que pretenden ser lo que no son.

La falta de integridad

La integridad (o falta de ella) de una persona puede verse sobre todo en situaciones en la que ser íntegro es difícil. Es fácil decir la verdad cuando no hay nada que perder al ser sincero, y es fácil que la gente cumpla la ley cuando hay un policía observando o cuando las probabilidades de que te pillen son altas.

Pero imagina que entras en un determinado grupo político y al poco tiempo te das cuenta de que todos a tu alrededor son corruptos. Lo más fácil es ser como ellos, llevarte un dinero que no te pertenece y ser aceptado por ellos como uno más, como alguien del grupo, que hace lo que todos hacen. Por supuesto, lo harías pagando el precio de renunciar a tu propia integridad.

Por este motivo, es en situaciones como esta donde se demuestra la verdadera integridad de las personas. En ocasiones, ser honesto puede hacer que te lo pongan difícil o te rechacen.

Los beneficios de ser auténtico e íntegro

Como todas las fortalezas del carácter, la integridad aporta beneficios a uno mismo y a los demás. Las personas íntegras gustan más a los demás, inspiran más confianza, obtienen más su cooperación, se sienten mejor consigo mismas, tienen menos estrés crónico, un mayor bienestar psicológico y una mayor estabilidad emocional.

Cuanto mejor se conozca una persona a sí misma y más actúe en base a su naturaleza interior, más capaz será de crecer y evolucionar como persona. Por el contrario, la persona que sacrifica su autenticidad para preservar una autoimagen rígida o para engañar o manipular a los demás, está también sacrificando su potencial de desarrollo personal y cambio positivo.

Actuar de manera honesta hace a las personas sentirse bien. No hay ningún motivo para que una persona devuelva a su dueño un billetero lleno de dinero, excepto el hecho de sentirse bien por hacer lo que considera correcto, mientras que quedarse con el dinero produce malestar, culpa y un sentimiento de bajeza.

La honestidad es una de las características que las personas más valoran en sus amigos o parejas, según los estudios, así como en sus líderes. Aunque para nadie es agradable escuchar cosas como: «el trabajo que has hecho no es lo bastante bueno», o «no me siento atraído por ti», la mayoría de las personas prefieren escuchar frases como esas antes que ser engañadas. Al fin y al cabo, si sabes que tu trabajo no es lo bastante bueno, tienes la posibilidad de mejorarlo, y si sabes que no tienes ninguna oportunidad con esa persona, te será más fácil decidir que tienes que sacarla de tu mente.

Y, por supuesto, la persona que recibe las consecuencias de la honestidad de otro, se va a sentir feliz e incluso especial. La gente siente más aprecio por la humanidad en general y se siente más segura cuando ve a su alrededor muestras de integridad y honestidad. Sobre todo en un ambiente donde este tipo de comportamientos no son la norma, ser testigo o beneficiario de la honestidad de los demás es como un bello regalo.

Por último, cuando una persona logra alcanzar una meta «auténtica» le resulta mucho más satisfactoria y más fácil de conseguir, mientras que las personas que ignoran sus valores, necesidades o intereses más profundos suelen obtener peores resultados en la vida y menos satisfacción con sus logros.

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