Apreciar tu propio compañía ¿Sabes estar solo?

 

Soledad. Esta palabra no nos deja indiferentes. Para unos, la soledad se asocia con sentimientos de aislamiento, aburrimiento, tristeza, desilusión, dolor… Para otros, en cambio, la soledad se relaciona con tranquilidad, conexión con el entorno o con uno mismo, reflexión… Del mismo modo que el mismo alimento entusiasma a unos y desagrada a otros, la soledad también puede generar emociones muy distintas, que dependerán de la historia de aprendizaje vital que tengamos cada uno de nosotros. Historia que vamos cambiando y ampliando con cada paso que damos.

El ser humano es un ser eminentemente social. Necesitamos la cooperación con otras personas para sobrevivir, desarrollarnos, aprender, entretenernos, etc. y esto es especialmente cierto en una sociedad tan interconectada como la nuestra. Por ello, aprender a desarrollar y mantener relaciones con otras personas y disfrutar de ellas resulta esencial.

Al mismo tiempo, debemos reconocer que nuestra sociedad actual se caracteriza por un estilo de vida más individualista que el que ha predominado en otras épocas o culturas. Cada vez más personas viven solas o, al menos, tienen una habitación individual. Existen muchos puestos laborales en los que la relación con otras personas es mínima (pensemos por ejemplo en los típicos cubículos de oficina) y los desplazamientos al trabajo son largos y solitarios. El ocio también ha adquirido un carácter más individual (p. ej., televisor u ordenador personal en el cuarto, juegos de ordenador para un solo jugador o para multijugadores que se conectan a distancia, navegación por Internet…).

Este hecho gustará más a unas personas que a otras, pero lo que resulta claro es que si la soledad forma parte de nuestras vidas es importante que aprendamos no solo a asumirla y a gestionarla sino también a disfrutarla. Sin embargo, para muchas personas estos momentos en soledad resultan angustiosos o les pesan como una losa.

¿Qué consecuencias tiene no saber estar solo?

  • Evitar la soledad a cualquier precio, a veces con un gran coste personal. Así, por ejemplo, muchas personas sobrecargan su agenda de planes de todo tipo (o se quedan hasta tarde en la oficina) con el fin de pasar el menor tiempo posible en su casa, ya sea al volver del trabajo o durante el fin de semana. Este tipo de comportamientos, pese a que suele recibir bastante aprobación social, a la larga pueden acabar pasándonos factura, ya que acabamos agotados o estresados, hacemos planes que no nos gustan, gastamos más dinero del que podemos permitirnos, no dedicamos tiempo a otras cosas que tenemos que hacer (p. ej., estudiar en casa), etc.
  • Angustiarnos cuando estamos solos: Habrá ocasiones en las que no nos quede más remedio que quedarnos en casa o en alguna situación solitaria (p. ej., cuando me cancelan los planes a última hora, si me pongo enfermo, si estoy esperando a alguien en la calle…). Si no tengo experiencia en este tipo de situaciones es probable que me sienta “raro” y que incluso me llegue a resultar muy incómodo y hasta angustioso, tal y como nos pasa en cualquier situación que extraña. Esto en algunos casos puede afectar al sueño y a la alimentación. Además, no tendré ideas sobre qué actividades puedo hacer para entretenerme o disfrutar (o si las tengo, no tendré los recursos disponibles). Esto me llevará a tener aún más “manía” a la soledad y a tender a evitarla cada vez más, con lo que ya hemos formado un círculo vicioso.
  • Depender de los demás: Si busco estar con otras personas a toda costa, es más probable que esté dispuesto a aceptar planes que no me gusten. Tendré menos control para decidir cuándo un plan no me interesa o incluso para negociar con los demás y proponer actividades que a mí me apetecen o me hacen ilusión, ya que los demás probablemente sí se sentirán cómodos diciendo que no a aquello que no les compensa. Por el contrario, si me siento cómodo haciendo cosas en solitario, podré hacer aquellos planes que me apetezcan incluso cuando otras personas decidan no compartirlos conmigo. Por tanto, podré tener experiencias más gratificantes, ya que estaré menos limitado por los gustos de los demás, e incluso podré conocer nuevas personas por el camino.
  • Implicarme en relaciones poco saludables: Si mi prioridad es evitar la soledad, lo más probable es que prefiera cualquier compañía a ninguna. Esto me hace vulnerable a iniciar relaciones de amistad o de pareja con personas que no me tratan bien o que me hacen sufrir, ya que pensaré que la alternativa (estar solo) es mucho peor. O simplemente mantendré relaciones con otras personas incluso una vez pasada su “fecha de caducidad”, es decir, pese a que ya no queramos lo mismo o nuestra relación se haya deteriorado. Mantener o alargar relaciones poco saludables puede perjudicar mi autoestima e incluso llevarme a tomar peores decisiones vitales.

¿Cómo puedo aprender a estar solo y disfrutarlo?

  1. Anticipa los beneficios: Antes de cambiar cualquier comportamiento, primero tengo que tener claro para qué quiero hacerlo y por qué esto va a ser una mejora. ¿Por qué quieres aprender a estar solo? ¿Para poder descansar en casa? ¿Para no sentir angustia cuando te quedas sin planes? ¿Porque el miedo a la soledad te está impidiendo cortar ciertas relaciones que te hacen daño? Cada persona tiene sus motivos y solo partiendo de ellos tendremos la motivación suficiente para hacer cambios.
  2. Busca actividades en solitario que te gusten: Haz un listado de todo aquello que se te ocurra que podrías disfrutar. Piensa en actividades que hayas disfrutado en el pasado, que te hayan llamado la atención en algún momento o pregunta a tus conocidos qué hacen ellos cuando están solos en casa. ¿Manualidades? ¿Juegos? ¿Lectura? ¿Ir al cine o a conciertos por tu cuenta? ¿Ejercicio físico? ¿Ver películas? ¿Escuchar música? ¿Cantar a voz en grito o bailar solo? ¿Cuidar de tu cuerpo? La lista puede ser larguísima. Es posible que inicialmente ninguna actividad te resulte atractiva porque… no te gusta estar solo. No importa: anota todo aquello que se te ocurra sin filtrar.
  3. Elige un par de actividades y ponlas en práctica: Escoge aquellas actividades que te den menos pereza, te resulten más atractivas, más sencillas, etc. Hazte con todo aquello que vas a necesitar para ponerlo en práctica (p. ej., materiales, programas…). Busca un momento en tu rutina cotidiana en que puedas dedicarles tiempo. Al principio es normal que no las disfrutes, porque no estás acostumbrado o tienes que familiarizarte con ello, pero sigue practicando. Si tras cierta práctica ves que no te funcionan, cambia y elige otras actividades que te apetezcan más o que encajen mejor en tu estilo de vida.
  4. Crea un clima agradable: Asegúrate de elegir un momento en el que vayas a poder estar tranquilo, sin prisas, sin tener muchas tareas pendientes que hacer a continuación… Si haces una actividad dentro de casa, busca un sitio en el que estés a gusto, ponte música de fondo, ropa cómoda, prepárate alguna bebida que te guste… Si haces una actividad fuera de casa, planifícala para que te resulte más agradable (p. ej., si vas al cine, elige una sala cómoda o que esté en un barrio o zona que te guste).
  5. El tiempo no es para aprovecharlo: Un pensamiento que a veces nos frena es la sensación de que “estamos perdiendo el tiempo”. Es posible que cuando estemos en casa generalmente dediquemos este tiempo a cumplir con nuestras obligaciones (p. ej., fregar, estudiar, cocinar…) y esto nos lleve a sentirnos culpables si dejamos estas tareas de lado y nos dedicamos al ocio. Sin embargo, los tiempos de descanso y disfrute son necesarios e incluso te ayudarán a ser más productivo durante tu tiempo de trabajo u otras obligaciones con las que tengas que cumplir. Si dedico todos mis tiempos libres a hacer obligaciones es más probable que me agote, me estrese o me deprima. Y que incluso el propio tiempo libre adquiera un matiz desagradable para mí. Recuerda que tienes derecho a disfrutar y a descansar y que tan legítimo es hacerlo dentro de casa como fuera, en compañía que en solitario.
  6. Hacer cosas solo no significa no tener amigos: Otro pensamiento que nos impide disfrutar de la soledad es la creencia de que tener que divertirme solo es señal de no tener amigos o pareja. Esto hará que cada vez que me encuentre en esa situación, en vez de centrarme en disfrutar me acuerde de aquello que creo que me falta y me sienta mal. Sin embargo, tener una vida social saludable y activa es perfectamente compatible con tener aficiones en solitario. De hecho, tener tiempos de descanso y desconexión nos prepara para disfrutar mejor de nuestras interacciones sociales. Asimismo, es saludable tener hobbies al margen de nuestra pareja, para poder aportar más a la relación y que esta no consuma todos nuestros espacios y tiempos.
  7. Si los demás me ven solo pensarán mal de mí: Muchas personas se frenan de hacer planes solitarios en público por miedo a qué pensarán los demás. Y esto es un problema, ya que no podemos controlar lo que piensen los demás, y estar a expensas de sus hipotéticas opiniones nos impedirá tener el control de nuestra vida. En cambio, debemos recordar que los demás no suelen estar analizando continuamente nuestro comportamiento y que hacer actividades en solitario es compatible con tener otros momentos más sociales. Es más, muchas personas eligen hacer ciertas actividades en solitario (p. ej., senderismo) porque así pueden disfrutarlo más, ir a su aire e incluso estar más abiertas a conocer nuevas personas.
  8. Hacer cosas solo es compatible con hacer planes sociales: Recuerda que el objetivo no es que te conviertas en un ser huraño e insociable. Relacionarnos con los demás y disfrutar de su compañía sigue siendo algo muy beneficioso que debemos cultivar. El objetivo no es reemplazar una cosa por la otra, sino ampliar nuestro repertorio y nuestras posibilidades: poder elegir cuándo me beneficia estar solo y cuándo acompañado, para evitar sufrir las consecuencias negativas que comentábamos anteriormente.
  9. Estar solo no es sentirse solo: Tendemos a asociar estos dos conceptos, que son muy lejanos en realidad. Una persona puede estar físicamente sola y experimentar emociones muy positivas (desde la tranquilidad hasta la risa). Sentirse solo tiene que ver con la sensación de no tener apoyos o personas que me cuidan, con las que puedo contar o en quienes puedo confiar. Sentirse solo estando rodeados de gente es tan posible (o incluso más) como estando físicamente solos. La forma de combatir esta emoción no es rodearnos de más personas, sino mejorar la calidad de estas relaciones (p. ej., ejerciendo nuestra asertividad) e incluso aprendiendo que podemos estar solos y en buena compañía (la nuestra propia). Por tanto, paradójicamente, aprender a estar solo y a disfrutarlo también te puede ayudar a sentirte menos solo (ya que no dependerás tanto de la compañía o de la disponibilidad de los demás para estar bien).
  10. Practica la meditación: En ocasiones, lo que más nos cuesta de estar solos es quedarnos a solas con nuestros pensamientos, que a veces nos bombardean con emociones negativas y nos impiden estar tranquilos. La meditación es una práctica que consiste en aprender a prestar atención al aquí y ahora, como contraposición a dejarla vagar indefinidamente por nuestras preocupaciones cotidianas. Realizar este ejercicio de manera diaria puede ayudarte a manejar mejor tu atención y tus pensamientos y a sentirte más cómodo en tu propia compañía, sin necesidad de recurrir a algo externo (personas u otras fuentes de entretenimiento). Esta habilidad requiere práctica y debe hacerse en las condiciones adecuadas. Contacta con un profesional si deseas que te ayude a entrenarla o te asesore, así como si compruebas que está teniendo algún efecto perjudicial o te está resultando muy difícil de aplicar.

Adaptar estas pautas a tus necesidades y estilo de vida particular te ayudará a ganar mayor libertad y a conquistar espacios y tiempos vitales. Te permitirá ser más independiente de los planes o decisiones de otras personas y a ganar autonomía. También es posible que te ayude a afrontar tus miedos y a ponerlos a prueba.

Aprendamos a decir NO

Aprendamos a decir NO

 

Una vez que ya tenemos claro cuáles son nuestros límites y en que punto nos encontramos estamos en disposición de aprender ¿Qué ganamos aprendiendo a decir?

–          Dejar claro cuál es nuestra postura y nuestros sentimientos

–          Autoafirmarnos como personas independientes y diferentes a los demás

–          Evitamos que los demás se aprovechen de nosotros o nos manipules

–          Es una ayuda a no implicarnos en situaciones en las que sentiríamos más tarde habernos implicado “más vale una roja que ciento amarilla”

–          Nos sentimos bien con nosotros mismos, autoestima, por no tener que hacer algo que o nos gusta o no nos apetece

–          Nos permite tomar nuestras propias decisiones y dirigir nuestra vida en esa situación

–          Disminuye probabilidades de que nos vuelvan a pedir algo que no queremos hacer o dar.

Problemas

Si tantas ventajas tiene decir que no ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo entonces realizar estas conductas?

1)      No sabemos como

2)      Nuestras creencias irracionales contrarias a nuestros derechos nos lo impiden.

CREENCIAS IRRACIONALES DE PEDIR FAVORES

–          Si soy un amigo de verdad debería acceder a la petición: ¿todas las peticiones? ¿siempre? Hay diferentes formas de demostrar que eres un amigo, tu puedes elegir la tuya, puedes estar dispuesto a plantar un jardín, pero no a pintar una habitación,  recuerda que tu eres el que debe elegir los límites de lo que estás dispuesto a hacer, la amistad no significa dar sin límites, y si ese es el concepto que tiene tu amigo explícaselo, si no lo entiende así…. Alomejor no es tan amigo.

–          Es más fácil enfrentarme a la petición de esa persona que enfréntame a cómo se sentiría si no accedo: posiblemente eso sea cierto a corto plazo, pero ¿Dónde te llevaría esto? Si te niegas ¿durante cuanto tiempo vas a estar incómodo? Y ¿si aceptas? A veces cambias 5 minutos de incomodidad con los demás, por 2 semanas de incomodidad contigo mismo.

INSTRUCCIÓNES PARA DECIR QUE NO

–          Recuerda: TU TIENES DERECHO A DECIR QUE NO Y A DEFENDER TUS LÍMITES

–          Escucha bien lo que se te está pidiendo

–          Di no y explica porque lo dices para que la otra persona entienda porque te niegas, pero si no lo entiende no des excusas o justificaciones. No tienes por qué hacerlo

–          Se amable al decir no, refléjale que lo comprendes pero mantente firme

–          Sugiere alguna otra idea en vez de la que te propone, da alternativas o intenta llegar a compromisos si la relación con esa persona te interesa.

Es necesario diferenciar dos situaciones cuando rechazamos peticiones:

1-      Te gustaría ayudar o salir con esa persona pero no puedes en ese momento o no te parece bien:  Es importante entonces que lo dejes bien claro, que no haya malentendidos y si así lo deseas que te ofrezcas para hacerlo en otro momento o de otra manera  (no puedo ahora pero si quieres otro dia…) Puedes darle la razón por la que no  puedes en ese momento, pero ten cuidado, porque si en vez de una razón es una excusa, puedes verte OBLIGADO a hacer lo que no querías (“no te puedo dejar dinero porque es el que tengo para el almuerzo”, “ déjamelo que ya te invito a almorzar yo”).

2-      La petición te parece injusta o simplemente no quieres hacerla:

DISCO RAYADO: Consiste en la repetición de las palabras que expresan nuestros deseos, pensamientos, etc., sin enojarnos ni levantar la voz y sin hacer caso de las presionen o intentos de desviación por parte de la otra persona.

Es como si tuviera grabada la respuesta automática, y ¡no hay nada que hacer! ya que suscita en el otro la resignación que, ante una máquina, no vale la pena insistir pues repetirá lo grabado cuantas veces sea necesario y sin atender a nuevos mensajes.

¿Cómo hacerlo?

· Repetir la frase que exprese nuestro deseo sobre un aspecto concreto, aunque no aporte demasiadas explicaciones.

· Repetirla una y otra vez, siempre de forma serena, ante las intervenciones de la otra persona.

PARA TI, PARA MI: Es una técnica que se emplea cuando al manifestar nuestra negativa, podemos ser objeto de presiones, agresiones verbales o críticas injustas para intentar manipularnos. Cuando la empleamos conseguimos dos cosas: no enfadarnos cuando otros/as nos critican, y que no se salgan con la suya.

¿Cómo hacerlo?

Partimos de una situación en la que otra persona nos hace una petición que no queremos aceptar. Por ejemplo: Un amigo nos ofrece una pastilla de éxtasis y le manifestamos nuestro deseo de no consumir.

· Paso previo: EXPLICACIÓN + DECISIÓN.
«No me apetece tomarla, gracias»

Ante cualquier insulto o crítica injusta que nos dirija el otro, por ejemplo: «eres un cobarde, no te atreves…» :

· Primer paso: PARA TI + (Repetir lo que dijo la persona que critica): «Para ti seré un cobarde».

· Segundo paso: PARA MÍ + (Decir algo positivo de uno/a mismo/a): «Pero para mí soy una persona que sabe divertirse.» Repetir el proceso el tiempo que sea necesario.

BANCO DE NIEBLA: Es una técnica que se emplea cuando al manifestar nuestra negativa, podemos ser objeto de presiones, agresiones verbales o críticas injustas para intentar manipularnos.

Consiste en reconocer la razón o posible razón que pueda tener la otra persona, pero expresando la decisión de no cambiar nuestra conducta. Es huir del riesgo, sin atacar demasiado al que te dice u ofrece algo. De algún modo, se trata de no entrar en discusión.

¿Cómo hacerlo?

· No entrar en discusión sobre las razones parciales, que incluso pueden ser aceptables.

· Dar la razón a la otra persona: reconocer cualquier verdad contenida en sus declaraciones cuando nos propone algo que no nos parece conveniente, pero sin aceptar lo que propone.

· Dar la razón y la posibilidad (sólo la posibilidad) de que las cosas pueden ser como se nos presentan. Utilizar expresiones, tales como: “Es posible que…”, “Puede ser que…”.

· Después de reflejar o parafrasear lo que acaba de decir la otra persona, podemos añadir a continuación una frase que exprese nuestro deseo de no hacer la conducta: “pero lo siento, no puedo hacer eso”, “…pero no gracias”, “…pero prefiero no tomarlo”.

– RECOMENDACIONES PARA “DECIR NO SIN PERDER AMIGOS”:

1. Ante cualquier petición que no nos agrade, decir que NO: un No claro, firme y sin excusas.

2. Repetirlo las veces que sean necesarias (emplear nuevas fórmulas de “decir NO” o utilizar el “disco rayado”):

· “¡Dale, hagamos tal cosa conmigo, lo pasaremos bien!
“NO gracias”
· “ ¡Dale no seas mala onda!”
“Perdona, pero ya sabes que NO”
· “Pero si no pasa nada, ¡anímate!
“Muy bien, pero NO quiero….”
· “ ¡Pero si lo vamos a pasar genial, y tu mujer no se va a enterar!”
“Lo siento. NO me interesa…”
· “ ¿Es que nos vas a dejar a todos colgados?”
“Lo siento. NO me interesa…”
· “¡Dale, te va a gustar!”
“Lo siento. NO me interesa…”

3. Si es posible, proponer otras alternativas.

· “Y porqué en vez de hacer eso, no hacemos esta otra cosa?”

4. Si al manifestar nuestra negativa, la persona que nos intenta convencer, utiliza la agresión verbal y la crítica injusta para intentar manipularnos, podemos utilizar la técnica “Para ti / Para mí” o la técnica “Banco de niebla”:

· “Creo que eres un egoísta”

“Puede que tengas razón y a veces me comporte egoístamente” (banco de niebla).
“Para ti seré un egoísta, pero para mi soy una persona que sabe divertirse” (Para ti/para mí)).

5. Si nos insisten intentando obligarnos, dejar de dar respuestas, marcharnos.

Autenticidad, integridad y honestidad

La autenticidad, integridad y honestidad forman parte de una de las llamadas fortalezas del carácter estudiadas por la psicología positiva, a la que suele llamarse simplemente integridad.

Este aspecto de la personalidad hace referencia a la persona que dice la verdad, acepta la responsabilidad de sus sentimientos y conductas, es sincera consigo misma y con los demás y ofrece una imagen sincera y moralmente coherente de sí misma. Es una persona fiel a sí misma, que se presenta tanto ante los demás como ante sí misma de manera auténtica, conoce y expresa sus auténticas necesidades, emociones e intereses, está dispuesta a conocerse y descubrirse a sí misma y aceptar lo que ve en su interior, sea positivo o negativo, y actúa en base a ello.

Es decir, para expresar de manera auténtica quien eres, debes conocerte, conocer tus deseos, intereses, emociones, valores y vivir tu vida (expresarte) de acuerdo con ellos.

Las personas auténticas se mueven en base a lo que hay en su interior y no sienten que están dirigidas externamente, por la sociedad, por los demás, o por sus propias falsas máscaras o miedos. Por eso, autenticidad es también sinónimo de libertad.

Aunque honestidad, integridad y autenticidad forman parte de un mismo rasgo de personalidad, tienen significados ligeramente distintos. La honestidad hacer referencia a la disposición a decir la verdad, no engañar y ser sinceros con los demás. La autenticidad se refiere a la expresión sincera de lo que realmente siente una persona. Y la integridad se refiere más al conjunto de estas dos características: la persona íntegra es honesta con los demás y consigo misma, se conoce y es fiel a sí misma. Las personas íntegras defienden públicamente sus convicciones morales y tratan a los demás de manera justa, con sensibilidad ante sus necesidades y estando dispuestas a ayudarles si lo necesitan.

El excesivo control externo hace que sea difícil para las personas ser auténticas, pero el excesivo control interno también crea problemas, pues hace que las personas sean más pasivas y estén menos dispuestas a elegir las conductas o acciones que las ayuden a ser fieles a sí mismas. Es decir, si tienes una idea fija y prefabricada sobre lo que deberías ser y tratas de expresarte según esa idea, no estás siendo una persona auténtica.

Autenticidad y roles

La falta de autenticidad no se produce cuando una persona oculta ciertas reacciones emocionales, ideas o información de sí misma a los demás (pues esto puede ser apropiado en determinados contextos), sino cuando las oculta a sí misma.

En su libro, Seligman pone el ejemplo de un cliente de un restaurante que saluda a un camarero diciendo: ¿Cómo estás? Si el camarero responde detallando todos sus problemas gastrointestinales, tal vez sea honesto y auténtico en un sentido literal, pero no lo está siendo como camarero, puesto que está trasgrediendo las normas de lo que se espera en su trabajo.

Seligman explica que existe una tendencia a pensar que la persona auténtica es la que se esconde detrás del rol (ya sea el de camarero, médico o cualquier otro), pero lo cierto es que la representación de roles es parte de la naturaleza humana. No hay, por tanto, engaño ni falta de autenticidad, en el camarero que se comporta como se espera de él, sino tan solo un buen trabajo. Es auténtico el camarero que dice que no le gusta su trabajo y que espera poder dedicarse a otra cosa, y es auténtico el camarero al que le gusta su trabajo y así lo expresa, pero no aquél que trata de engañarse a sí mismo y a los demás diciendo que tiene el trabajo que desea cuando eso no es cierto.

Las personas íntegras suelen pensar cosas como:

Es más importante ser yo mismo que ser popular; cuando las personas siguen diciendo la verdad, las cosas funcionan; nunca mentiría solo para obtener algo que deseo de otra persona; mi vida se guía por un código de valores y obtiene sentido de dicho código; para mí es importante ser abierto y honesto respecto a mis sentimientos; siempre cumplo mis compromisos, aunque eso tenga un coste para mí; no me gustan las personas falsas que pretenden ser lo que no son.

La falta de integridad

La integridad (o falta de ella) de una persona puede verse sobre todo en situaciones en la que ser íntegro es difícil. Es fácil decir la verdad cuando no hay nada que perder al ser sincero, y es fácil que la gente cumpla la ley cuando hay un policía observando o cuando las probabilidades de que te pillen son altas.

Pero imagina que entras en un determinado grupo político y al poco tiempo te das cuenta de que todos a tu alrededor son corruptos. Lo más fácil es ser como ellos, llevarte un dinero que no te pertenece y ser aceptado por ellos como uno más, como alguien del grupo, que hace lo que todos hacen. Por supuesto, lo harías pagando el precio de renunciar a tu propia integridad.

Por este motivo, es en situaciones como esta donde se demuestra la verdadera integridad de las personas. En ocasiones, ser honesto puede hacer que te lo pongan difícil o te rechacen.

Los beneficios de ser auténtico e íntegro

Como todas las fortalezas del carácter, la integridad aporta beneficios a uno mismo y a los demás. Las personas íntegras gustan más a los demás, inspiran más confianza, obtienen más su cooperación, se sienten mejor consigo mismas, tienen menos estrés crónico, un mayor bienestar psicológico y una mayor estabilidad emocional.

Cuanto mejor se conozca una persona a sí misma y más actúe en base a su naturaleza interior, más capaz será de crecer y evolucionar como persona. Por el contrario, la persona que sacrifica su autenticidad para preservar una autoimagen rígida o para engañar o manipular a los demás, está también sacrificando su potencial de desarrollo personal y cambio positivo.

Actuar de manera honesta hace a las personas sentirse bien. No hay ningún motivo para que una persona devuelva a su dueño un billetero lleno de dinero, excepto el hecho de sentirse bien por hacer lo que considera correcto, mientras que quedarse con el dinero produce malestar, culpa y un sentimiento de bajeza.

La honestidad es una de las características que las personas más valoran en sus amigos o parejas, según los estudios, así como en sus líderes. Aunque para nadie es agradable escuchar cosas como: «el trabajo que has hecho no es lo bastante bueno», o «no me siento atraído por ti», la mayoría de las personas prefieren escuchar frases como esas antes que ser engañadas. Al fin y al cabo, si sabes que tu trabajo no es lo bastante bueno, tienes la posibilidad de mejorarlo, y si sabes que no tienes ninguna oportunidad con esa persona, te será más fácil decidir que tienes que sacarla de tu mente.

Y, por supuesto, la persona que recibe las consecuencias de la honestidad de otro, se va a sentir feliz e incluso especial. La gente siente más aprecio por la humanidad en general y se siente más segura cuando ve a su alrededor muestras de integridad y honestidad. Sobre todo en un ambiente donde este tipo de comportamientos no son la norma, ser testigo o beneficiario de la honestidad de los demás es como un bello regalo.

Por último, cuando una persona logra alcanzar una meta «auténtica» le resulta mucho más satisfactoria y más fácil de conseguir, mientras que las personas que ignoran sus valores, necesidades o intereses más profundos suelen obtener peores resultados en la vida y menos satisfacción con sus logros.

¿Sabes ser asertivo?

Se observa a si mismo diciendo «Si» en situaciones en las que en realidad sentía que debía decir «No»?. ¿Encuentra dificultad para expresar su descontento a un amigo o compañero, aun si cree que es justificado?. ¿Le cuesta aceptar un elogio?

Si respondió afirmativamente a cualquiera de las anteriores preguntas podría no ser tan asertivo como desearía serlo.

Definición

La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y quiere decir «Afirmación de la certeza de una cosa», de allí podemos ver que está relacionada con la firmeza y la certeza o veracidad, y podemos deducir que una persona Asertiva es aquella que afirma con certeza.

Ya tenemos una definición sobre la palabra, pero ¿Qué es ser asertivos?. Esto está relacionado con nuestra consciencia de nosotros mismos primero, de quienes nos rodean, y del medio en que nos desenvolvemos.

Veamos algunos ejemplos de lo que significa ser asertivos:
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Cómo decir NO sin que te duela

Cómo decir NO sin que te duela

 

 

¿Alguna vez te ha pasado que alguien te pide algo, tal vez abusando un poco de la amistad y tu, para evitar cualquier tipo de conflicto, accedes de mala gana?

¿Cómo te sientes en ese momento? ¿Enfadado con esa persona y contigo mismo por no haber dicho “no”?

Sigue leyendo, porte te presentaremos claves para que no vuelvas a sentirte así.

¿Para qué decir no? La importancia

Decir No es, en primer lugar, una necesidad de orden práctico porque difícilmente podremos organizar nuestro día a día si accedemos a cualquier petición que se nos presente.

Por otro lado, el decir “no” es una forma de reafirmar nuestra personalidad y respetar las necesidades propias.

Cuando una persona alcanza sus objetivos, muchas veces habrá dicho “no” a propuestas que no encajaban con sus deseos, ideales o valores.

El decir “no” es compatible con ser querido y agradar a otros.

Cuando nos resistimos a dar una negativa, estamos anteponiendo los deseos de otras personas a los nuestros. Esto puede provocar en nosotros frustración y llevarnos hacia la infravaloración ¿O esta actitud proviene de allí? ¿Causa o efecto?

Está bien, todos queremos agradar y a la vez, tener en cuenta nuestras necesidades personales.

¿Cómo actuar entonces?

Claves:
– Tómate el tiempo que necesites para reflexionar sobre qué es lo que tú realmente quieres.
– Define tus prioridades. ¿A qué tendrías que renunciar para atender esa petición?
– Valora qué emociones te incitan a decir “si” (miedo a… herir a alguien, crear un conflicto, decepcionar, enfrentarte a alguien, parecer egoísta…).
– Recuerda que si te cuesta decir “no” cualquier persona podrá manejar tu voluntad apelando a tus miedos.
– Ponte en valor. Si siempre dices “si” a los demás te estás diciendo “no” a ti misma.
– Piensa en una forma correcta de decir “no”. Tu forma correcta.

¿Cómo hacerlo?

Mi recomendación es que reflexiones sobre el modo de decir NO que mejor se adapte a ti. Ahí van algunas ideas:

1.- Ten presente la regla de oro: evita dar una negativa seca (“no”), procura decir algo más. Un “no” rotundo y solitario puede generar malestar, distancia, resentimiento….

2.- Haz una clara diferenciación entre la persona y la petición. El que rechaces una petición puntual no significa que rechaces a quien te lo solicita. Déjaselo claro.

3.- Da alternativas: el decir “no, pero te propongo…” y proponer otras posibilidades suaviza la negativa y hace que el receptor se sienta comprendido.

4.- Utiliza la empatía dando una explicación que te acerque al otro “Agradezco que hayas pensado en mi, el proyecto me parece muy interesante, sin embargo, me gusta dedicar las tardes a mi familia porque….”

5.- Presta atención al tono. Evita utilizar un tono hostil o duro. Se amable y da la negativa en tono firme pero relajado.

6.- Equilibrio. La clave para unas relaciones en armonía (con nosotros mismos y con los demás) es el equilibrio.

¿Te gustaría implementar estas ideas en tu vida? ¿Cómo lo harías?

Tu tiempo y tu energía son recursos limitados, utilízalos con eficacia.

Bibliografía y Webgrafía:

Teoría de la comunicación humana. Paul Watzlawick