8 Tácticas Abusivas En Las Relaciones Tóxicas

8 Tácticas Abusivas En Las Relaciones Tóxicas.

 

Relaciones toxicas

 

  1. Actuar con Ira:

Los despliegues de actuaciones violentas son las más comunes y más evidentes.

Pueden provenir de sentir sus temores infundados de ser abandonados, desplazados, traicionados, incomprendidos, etc.

Ataques de furia desproporcionados y repentinos, en los que se observan gritos, amenazas, groserías, descalificaciones, empujones y daño de objetos personales, entre otros.

Su finalidad es atemorizar y controlar a la víctima a fin de que se quede paralizada.

  1. Ausencia de Colaboración:

A pesar de profesar amor hacia la pareja, permanentemente se excusa cuando se le demanda alguna ayuda en la cotidianidad.

Se involucran poco en las áreas importantes de la vida de su pareja, y prefieren actuar más individualmente.

Sin embargo, aún cuando no se esmeran en prestar apoyo, si algo del plan sale mal, se afianzan en ser críticos severos de los errores de su pareja.

  1. Mecanismo de Proyección:

Hay un dicho que afirma: que cada ladrón juzga por su condición.

Es un mecanismo que implica desplazar y adjudicar a la otra persona las características y conductas propias. Ponerlas así, en la pareja.

Pueden entonces,  acusarte de engañar, de mentir, de traicionar, etc., o bien hacerte sentir culpable porque no pueden aceptar y asumir la responsabilidad y malestar de su propios actos.

  1. Aplicar la Ley del hielo:

Es un mecanismo pasivo agresivo, en el que se ignora a alguien para castigarla y coaccionarla.

De esta manera, hacerla sentir incómoda, angustiada y generar culpabilidad en la otra persona.

Con esto, lograr que la persona busque pedir disculpas, aun cuando no haya razones sólidas para hacerlo.

Es un patrón indirecto de agresión que se puede alternar con  los de ataque directo.

  1. La mirada como coacción:

Es otra forma sutil pero efectiva de control, del repertorio de intimidación de la pareja tóxica.

Puede hacerlo disimuladamente, pero la víctima entiende la señal de una mirada amenazante y sus posibles consecuencias cuando se encuentren en privado, si no actúa conforme a lo que desea  el victimario.

  1. Empleo del Sarcasmo:

La persona en este caso emplea con frecuencia la ironía para mostrar su molestia.

Es un una forma indirecta de desahogarse en la que emplea palabras de sorna como ataque camuflado para hacer daño y ridiculizar a su pareja.

  1. La Manipulación y victimización:

Es una táctica clásica: saber envolver  y convencer sobre su perspectiva y razones de su conducta, de su temor a que pase lo peor, como el abandono, la infidelidad o bien el rechazo.

Puede dar muestras abrumadoras de sentimentalismo, desamparo, emplear argumentos emotivos y traer a colación episodios desgarradores de su vida para justificar su temor y conductas controladoras y convencer a la víctima de que debe quedarse con él.

En este sentido,  la pareja tóxica se hace la víctima, aparentan  estar heridos y hacen sentir culpable a la pareja de ello.

Así,  pueden conseguir compasión y continuar controlándote.

  1. Acusarte de perder el juicio:

Es el tipo de abuso emocional más sutil, que consiste en emplear la manipulación consciente o inconscientemente,  para que la víctima dude de su propio criterio.

Esencialmente, es cuando alguien trata de hacerte dudar de tu memoria, percepción y cordura. Por lo cual, la persona puede sentir confusión, angustia y hasta depresión.

 

Conocer estas tácticas, puede ayudarte a reconocer la violencia, saber  distanciarte y dejar de ser una víctima de abuso.

 

La personalidad neurótica

 

La personalidad neurótica: el trastorno del 95% de la población

 

Seguro que has oído la palabra neurosis en muchas ocasiones, incluso puede que hayas llamado a alguien neurótico, pero si te preguntan qué significa ser neurótico ¿sabrías responder? Las conductas neuróticas afectan a la mayoría de la población, ya que la sociedad actual las fomenta. Vamos a ver qué características tiene la personalidad neurótica.

 

 

La personalidad neurótica

El término neurosis se utilizó por primera vez en 1777 para describir enfermedades emocionales. Actualmente se usa como comodín para llamar a todas aquellas afecciones emocionales que no tienen un origen físico. En otras palabras, neurosis se refiere a alteraciones mentales que nos provocan problemas emocionales.

Esto te puede parecer “raro” y que sólo le pasa a unos pocos, pero no es así. Por ejemplo, cuando perdemos el control de nuestras emociones, estamos siendo neuróticos. Y perder el control es tan fácil como dejar que otras personas dominen tus reacciones, ya sea enfadándonos, molestándonos o poniéndonos tristes por cosas que hacen los demás.

  • Enfadarse porque tu equipo de fútbol ha perdido es ser neurótico.
  • Sentir culpa porque no has comprado un regalo de cumpleaños es ser neurótico.
  • Sentir envidia porque tu vecino tiene un coche más grande es ser neurótico.
  • Sentirse triste por no tener pareja es ser neurótico.

Esos son sólo unos ejemplos de la enorme cantidad de conductas neuróticas que ocurren a diario. Como ves, todos tenemos en algún grado cierto tipo de neurosis, todos dejamos que otras personas nos afecten y nos influyan de alguna manera.

Las emociones surgieron para adaptarnos al entorno, y como animales de manada que somos, nuestro entorno siempre ha sido en grupos. Por eso tenemos emociones que reaccionan con conductas de otras personas.

 

 

Emociones que inmovilizan a los neuróticos

Si bien todos tenemos este tipo de comportamientos, hay personas cuya neurosis llega a impedirles tener una vida normal, tomar decisiones y ser felices.

 

Estas personas tienen dificultades para controlar sus emociones o se ven abordadas por fenómenos negativos constantemente como:

  • Culpa
  • Remordimientos
  • Necesidad de aprobación
  • Miedo a lo desconocido
  • Preocupación
  • Obligaciones sociales
  • Dependencia

 

 

Como ves, son muy comunes en la actualidad. Un neurótico vivirá por y para ellas, incluso las fomentará. Si lo unimos a que la sociedad incita los comportamientos neuróticos, tenemos un círculo vicioso del que es difícil salir.

En definitiva, una persona neurótica está muy lejos de tener una personalidad sana.

 

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Cómo reconocer a un manipulador emocional

Cómo reconocer a un manipulador emocional

Un manipulador emocional es alguien que maneja los sentimientos y emociones de las personas con las que se relaciona en su propio beneficio. La manipulación, al igual que la mentira, es una táctica social que todos realizamos en algún momento de nuestras vidas.

 

Ejemplo común de una manipulación “piadosa”

Te dejo una situación cotidiana en la que ocurre una manipulación leve:

 

Juan se encuentra con Alberto, un amigo cercano que hace tiempo que no ve. Alberto acaba de encontrar trabajo y ahora no dispone de tanto tiempo como antes. A Alberto le apetece quedar para ponerse al día con Juan y le dice:

-“¿Quedamos mañana a las 9 de la tarde y hablamos más mientras cenamos?”

 

Juan también quiere quedar, pero a las 9 de la tarde empieza el partido de fútbol y quiere verlo. Juan piensa que quedará mal al preferir ver un partido que quedar con su amigo. En lugar de ser asertivo y comunicar la verdad, Juan le dice:

-“A las 9 es un poco tarde ¿no? Lo digo porque mañana trabajas temprano y no quiero que vayas cansado por mi culpa.”

 

Juan parece ser empático y atento con Alberto, pero en realidad está manipulándolo porque cree que quedará mal si dice su motivo real. Estas situaciones son frecuentes y podrían considerarse “manipulaciones piadosas” porque no suponen un gran daño para nadie.

 

En el ejemplo anterior, Juan es una persona poco segura de si misma, que piensa demasiado en cómo lo ven los demás. Es una característica de una posible personalidad dependiente.

 

¿Quién no ha realizado alguna vez algún acto similar? Hay infinidad de situaciones en las que existe alguna manipulación sutil. Es algo que acompaña al ser humano desde que tenemos conciencia y razón. Lo que quiero decir es que alguien que realiza una manipulación puntual NO es una persona tóxica. Simplemente es una persona normal. El problema surge cuando una persona utiliza la manipulación con demasiada frecuencia y sin tener en cuenta el daño que causa a los demás.

 

 

Ejemplo de manipulación emocional grave

 

Aquí describo una situación en la que ocurre una manipulación grave:

Carla y Julia comparten casa. Ayer, Carla le dio 2 $ a Julia para comprar el boleto de tren. Julia, con las prisas, había olvidado el monedero en casa. Carla siempre es muy amable. Incluso a veces se ofrece a pagar el café que toman juntas.

Hoy Julia quiere hacer una pequeña compra y Carla se ha apuntado para acompañarla al supermercado de la esquina. Carla no tenía intenciones de comprar nada, pero en el supermercado recuerda que necesita un nuevo desodorante. Y ya que está allí, toma un champú y un gel porque pronto se le acabarán.

 

A la hora de pagar, Carla pone sus 3 cosas junto a lo que Julia va a comprar.

Carla piensa que siempre ha sido buena con Julia y que ya es hora de que le devuelva el favor. Por tanto, espera que Julia pague toda la cuenta. Julia se siente en deuda con Carla porque ella le ayudó ayer con el boleto de tren. A pesar de que el boleto costó 2 $ y los objetos de Carla cuestan 14 $, Julia se sentiría egoísta al pedirle el dinero y se ofrece a pagar toda la cuenta.

 

En este caso ya hay un daño psicológico. Julia se ve obligada emocionalmente a comprar lo que Carla necesita. Si no lo hace, es posible que sienta culpa y que se crea egoísta.

Por lo general, el manipulador (Carla) no manipula conscientemente. En lugar de ello, lo que ocurre es que Carla ha aprendido a manipular en todos los ámbitos de su vida. Es posible que haya tenido una infancia difícil o que haya tenido una madre tóxica de la que haya copiado estos comportamientos.

 

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¿Cómo es una persona narcisista?

Qué significa ser narcisista: definición y características

Una de las personalidades tóxicas más famosas es la narcisista. Además, es una de las más comunes en la actualidad. Pero ¿Cuál es la definición de narcisista? ¿Qué significa ser narcisista? El trastorno narcisista es uno de los más tóxicos, sobre todo para la persona que lo sufre. Vamos a conocerlo más a fondo.

Qué significa ser narcisista

El narcisismo es un trastorno de la personalidad, caracterizado por tener un sentido del egoísmo exagerado y falta de empatía. Es egoísmo en estado puro. Un narcisista sólo se preocupará por sí mismo, por sus preferencias personales, sus necesidades, sus aspiraciones, sus objetivos. Además, se preocupará en exceso por cuidar la imagen que otros tengan de él.

 

La persona narcisista se ve absorbida por su propio universo. Las demás personas son sólo objetos que pueden usarse en beneficio propio. Puede verse combinada con la psicopatía, haciendo que la toxicidad de esta persona sea extrema.

 

 

De dónde surge el narcisismo: el mito de Narciso

Proviene de la mitología griega. Narciso era un joven hermoso que rechazaba a todas las mujeres que se enamoraban de él. Entre las mujeres rechazadas por Narciso se encontraba la ninfa Eco. Tras el cruel rechazo que Narciso le hizo, Eco se metió en una cueva y no salió hasta consumirse. Sólo quedó su voz. Némesis, la diosa de la venganza, castigó a Narciso con enamorarse de su propio reflejo. Éste, al verse reflejado en un lago y enamorarse de su propia imagen, cayó al agua y se ahogó.

 

 

¿Cómo es una persona narcisista?

Según el DSM-IV, el libro básico de diagnosis psicológica, un hombre narcisista o una mujer narcisista es aquél que con un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía.

Para poder ser diagnosticado, la persona deberá cumplir 5 o más de los siguientes puntos:

  1. Tiene un sentido de la autoimportancia exagerado: exagera sus logros, espera ser tratado como superior, busca admiración que supone merecer, etc.
  2. Tiene fantasías de éxito ilimitado que basadas en poder, belleza, amor y/o dinero.
  3. Cree que es especial y único. Sólo puede relacionarse con personas o instituciones de alto status y cree que sólo ellas pueden comprenderle.
  4. Necesita una admiración excesiva.
  5. Es pretencioso. Necesita recibir un trato especial por parte de los demás.
  6. Explota a los demás. Se aprovecha de los demás para conseguir sus objetivos.
  7. Carece de empatía. No quiere o no puede reconocer los sentimientos y necesidades de los demás.
  8. Envidia con frecuencia a los demás o cree que los demás lo envidian a él
  9. 9.      Es arrogante o soberbio.

 

 

Claves para reconocer el trastorno narcisista

Una de las formas de reconocer a una persona narcisista es atender a su vocabulario.

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Humillación y vergüenza en las relaciones

 

Muchas personas recurren al uso de la humillación o el desprecio en sus relaciones, ya sea con sus parejas, hijos u otros miembros de la familia. Lo peor de todo es que no siempre son conscientes de que lo están haciendo y el uso de estos gestos de desprecio parece que va en aumento en nuestra sociedad en la educación de los hijos.

Hay muchas formas de hacer que una persona se sienta despreciada, humillada y avergonzada. Algunas son muy claras, como insultar a alguien, decirle que no vale para nada, que no sabe hacer nada bien o que es un fracasado. Otras, en cambio, son mucho más sutiles. Si le dices a un niño una frase aparentemente tan inocente como «deja de hacer ruido», no parece haber problema alguno, pero si esa frase va acompañada de un gesto de asco y desprecio, que el niño o niña percibe perfectamente, entonces tal vez te encuentres con que ese niño lanza violentamente contra el suelo el objeto con el que supuestamente estaba haciendo ruido. Por supuesto, te quedas con la boca abierta ante esta reacción que parece exagerada y fuera de lugar. ¿Qué ha pasado?

Tras ver el gesto de desprecio, el niño se siente humillado y avergonzado. Ese gesto implica una retirada del afecto, un «no me gustas porque no eres lo bastante bueno». Eso genera un sentimiento de vergüenza. Pero la vergüenza es la emoción más desagradable e insoportable de todas las que existen. De hecho, no somos capaces de sentirla de manera sostenida. Enseguida hacemos algo para eliminarla, como olvidar lo sucedido, o bien da lugar a otra emoción. Y las dos emociones más habituales a las que da lugar la vergüenza son la tristeza (o depresión, en su polo más extremo) y la ira (o rabia). Y es precisamente esa ira la que lleva al niño del ejemplo a reaccionar de esa manera.

Pero eso no solo sucede en las relaciones entre padres e hijos, sino también en las relaciones de pareja o en cualquier otro tipo de relación. Cuando te encuentras con reacciones que parecen ser exageradas, es probable que debajo de ellas se encuentre una persona que se ha sentido humillada y avergonzada. Si te das cuenta de que tu forma de hablar o tus expresiones faciales están transmitiendo desprecio hacia la otra persona (incluso aunque no lo hagas a propósito) serás mucho más capaz de empezar a cambiarlas y a relacionarte con los demás de un modo más sano.

Y si tú estás teniendo estas reacciones, el caso puede ser exactamente el mismo. Tal vez necesites decirle a esa persona lo que sientes, puesto que puede que no sea consciente de que te está tratando con desprecio. Y si lo hace a propósito tal vez debas platearte la posibilidad de dejar una relación que puede ser muy destructiva.

¿Pero qué es exactamente la vergüenza?

Por lo general, hay dos emociones que suelen considerarse similares: culpa y vergüenza. Son emociones más complejas, que no surgen hasta los tres años de edad aproximadamente y que requieren que una persona sea consciente de sí misma como individuo y capaz de juzgarse a sí misma y su comportamiento. Ambas se producen cuando consideramos que hemos hecho algo mal. Pero existe una diferencia fundamental entre ambas, y es que la culpa se produce cuando nos centramos en la acción y no en nosotros mismos como persona. Es decir, pensamos: «esto que he hecho está mal y desearía que no hubiera sucedido». Entonces sentimos la necesidad de reparar el daño causado.

La persona que siente vergüenza, en cambio, se centra en sí misma, no en su conducta, y considera que hay algo malo en ella como persona por lo que ha hecho. La vergüenza va acompañada del deseo de desaparecer, de esconderse, o de que se te trague la tierra, porque no deseas que los demás vean la horrible persona que eres. Así pues, la vergüenza está relacionada con la mirada de los demás, aunque también puede sentirse estando a solas, pero siempre se tienen a los demás en mente («si ellos supieran…»)

Indudablemente, de estas dos emociones, la culpa es más sana que la vergüenza, tiene más probabilidades de conducir a la reparación del daño causado, mientras que la vergüenza es demasiado intensa, bloquea a la persona y le impide actuar y tiene más probabilidades de generar depresión o rabia.

Personas predispuestas a la vergüenza

Algunas personas sienten vergüenza con más facilidad que otras. Pueden ser personas que hayan sido víctimas de humillaciones y desprecio en su infancia o personas con ciertos defectos o características que son objeto de burlas por parte de los demás. Estas personas han aprendido a centrarse en sí mismas como personas en vez de en su comportamiento. Si hacen algo mal, tienden a pensar que es debido a que son torpes, estúpidas o defectuosas como personas, y esto las lleva a sentirse avergonzadas.

Si este es tu caso, tenderás a reaccionar con depresión o con ira con más frecuencia que otras personas, puede que incluso sin motivo, al interpretar una crítica como un gesto de desprecio. Por ejemplo, si alguien te dice que los zapatos que te has puesto no combinan bien con la ropa que llevas, puedes reaccionar de dos formas: una, centrándote en el hecho en sí mismo, es decir, en tu elección de los zapatos y llegar a la conclusión de que es cierto que has cometido un error (o no y seguir con tus zapatos); o bien puedes centrarte en ti como persona y llegar a la conclusión de que eres torpe y no sabes cómo combinar la ropa. En este último caso sentirás vergüenza que, a su vez, puede dar lugar a un sentimiento de depresión o a un sentimiento de ira hacia la persona que te ha «humillado» de esa manera.