La importancia de establecer fronteras psicológicas

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Desconectado Marcelo Aguirre

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La importancia de establecer fronteras psicológicas
« en: Agosto 26, 2013, 01:59:17 pm »
La importancia de establecer fronteras psicológicas


En nuestras relaciones con los demás, es importante saber establecer "fronteras" o límites que impidan que otros te hagan o te obliguen a hacer algo que no deseas, se aprovechen de ti e invadan tu intimidad o tu espacio personal. La persona que no marca unas fronteras claras, está a merced de los demás y a menudo se sentirá frustrada, manipulada o invadida en sus relaciones, ya sean de amistad, pareja, trabajo o de cualquier otro tipo.

Pero establecer fronteras no siempre es fácil. La inseguridad, el miedo al rechazo, o la falta de autoconocimiento puede llevarte a tener unas fronteras frágiles o inadecuadas que te acabarán pasando factura porque te llevarán a tolerar situaciones que son abusivas o de algún modo dañinas para ti, renunciando a tus propias necesidades.

Establecer fronteras implica la posibilidad de que los demás te rechacen o desaprueben. Y esto sucede porque a veces los demás no aceptan que tengas ciertas fronteras, no las respetan, o no las entienden porque son diferentes a las suyas. Lo que para ti es inaceptable, para otra persona puede ser incluso atrayente. Por eso es importante saber dejar claro a los demás que tus fronteras las estableces tú (y no los otros) en base a tus preferencias, necesidades, valores o deseos, y los demás deben respetarlas.

Para crear unas fronteras claras es necesario que te conozcas y que tengas claro lo que es para ti aceptable e inaceptable, que sepas lo que quieres, y conozcas tus preferencias y tus necesidades emocionales.

Algunas personas son muy buenas estableciendo fronteras en un tipo de relaciones pero no en otras. Por ejemplo, alguien puede tener fronteras claras en sus relaciones laborales, pero le cuesta mucho más hacerlo cuando se trata de relaciones de pareja. Hay quien piensa que en las relaciones de pareja no deben existir fronteras, pero para que la relación sea sana, las fronteras son siempre necesarias pues, de lo contrario, te dedicarías a satisfacer todas las necesidades de tu pareja en todo momento, tanto si lo deseas como si no, incluso aunque tu pareja espere de ti que hagas algo que te desagrada.

La persona que establece unas fronteras claras:

Sabe perfectamente lo que va a tolerar y lo que no en sus relaciones con los demás.
Es capaz de ceder o sacrificarse por los demás, si lo considera oportuno, pero siempre manteniéndose fiel a sí misma y a sus principios.
No permite que los demás la manipulen, se aprovechen de ella, o la obliguen a hacer algo que no desea.
Defiende sus puntos de vista y opiniones, pues los considera tan válidos y dignos de respeto como los de los demás, aunque esto no quita que pueda ser lo bastante flexible como para considerar otros puntos de vista u opiniones.
Sabe que tiene derecho a su propia privacidad, a no contar cosas que no desea contar, a proteger su espacio personal y no dejar que se le acerque demasiado alguien que no desea que se acerque, a perseguir sus propias metas o dedicar su tiempo y esfuerzo a aquello que considera importante, y ejerce ese derecho sin sentirse culpable.
Es capaz de decidir que ciertas personas o situaciones son dañinas y alejarse de ellas.
Una persona con fronteras mal definidas puede creer que debe contar a los demás algo personal, aunque no desee hacerlo, solo porque esa persona quiere saberlo. Sin embargo, al hacer algo así, estás renunciando a uno de tus derechos emocionales fundamentales; es decir, el derecho a la privacidad.

Algunas personas intentan invadir las fronteras de los demás o esperan que los demás establezcan los mismos tipos de fronteras que ellos. Por ejemplo, Javier pensaba que su pareja debería hacer cualquier cosa que a él le gustara en sus relaciones sexuales con su pareja, sin tener en cuenta que a ella podrían no gustarle ciertas cosas y tener sus propias preferencias. Si no tienes fronteras, puedes acabar haciendo cosas que te resulten desagradables y te hagan sentir mal, y supone una renuncia a tu derecho a tener tus propios gustos y preferencias y a rechazar aquello que no deseas.

Donde está el límite

Tener fronteras no significa que te tengas que comportar de una forma rígida, y no ceder en nada, ni hacer nunca nada que no desees por los demás. A veces, desearás hacer algún sacrificio por alguien a quien amas, te levantarás a las 5 de la mañana para llevar a tu pareja al aeropuerto, por mucho que desees seguir durmiendo, o renunciarás a irte de fiesta un fin de semana porque tu pareja prefiere que os quedéis en casa. Y, por supuesto, ellos también harán estas cosas por ti, alcanzando un equilibro entre lo que das y lo que recibes.

Por lo general, este tipo de actos no se sienten como sacrificios, sino que lo haces de buena gana por amor a esa persona y porque sabes que haría lo mismo por ti. Pero cuando estos sacrificios te hacen sentir mal, cuando tienes la sensación de que das mucho y recibes poco, o tus necesidades no se tienen en cuenta, entonces es el momento de empezar a construir tus fronteras y dejar claro a los demás dónde están, sin permitirles cruzarlas nunca más.