TeorÃas CientÃficas En La Biblia
Con el advenimiento de la Revolución Industrial y el nuevo modelo de individuo que propuso el Iluminismo, siempre se pensó que se abrÃa una brecha irreconciliable entre los asuntos de la fe y del mundo. Pero hoy hay estudios que permitirÃan postular que ambos dominios no son incompatibles. Para estas teorÃas, ya en la Biblia hay referencias al origen del hombre que tienen muchos puntos en común con posturas cientÃficas actuales, lo que sà varÃa es la forma de expresar esos conceptos.
La creación en 7 dÃas
La Biblia nos dice que Dios creó la Tierra en siete dÃas: en el primero hizo aparecer la luz. En el segundo creó el cielo. En el tercero, la tierra, los mares y las plantas. Durante el cuarto dÃa aparecieron el sol, la luna y las estrellas, la noche y el dÃa. En el quinto dÃa creó las aves y los peces. En el sexto Dios creó a los animales terrestres y al hombre. En el séptimo, descansó.
Aparentemente, esta teorÃa del Génesis bÃblico poco se conecta con las explicaciones que podemos encontrar en la ciencia acerca del origen del hombre, la tierra y todas las criaturas vivientes. Sin embargo, para las corrientes que postulan la compatibilidad entre la Biblia y la ciencia, es muy significativa la perfecta correspondencia simbólica con los perÃodos geológicos que describe la ciencia. La evolución de la vida en la Tierra coincide con la sucesión descripta en el Génesis. En efecto, antes de que el hombre apareciera en la Tierra, las criaturas vivas se habÃan originado en ese orden, primero las plantas, luego la fauna marina y las aves, luego los animales terrestres y por último el hombre.
El sol, la tierra y las aguas
Señalan también coincidencia cuando en un pasaje de la Biblia se relata el tercer dÃa de la Creación: "las aguas que están bajo los cielos se reunieron en un sólo lugar y el elemento seco apareció". Para la lectura cientificista del Libro Sagrado ésta es la expresión de lo que ocurrió en el PerÃodo terciario, cuando el levantamiento de la costra sólida descubrió la superficie de los continentes e hizo fluir las aguas que formaron los mares y los rÃos.
Una de las cuestiones que más objetan quienes intentan demostrar que el Génesis no guarda ninguna relación con la explicación cientÃfica del origen del mundo, es que la Biblia describe que primero fue creada la luaz, y luego el sol, lo que aparentemente es un contrasentido.
Sin embargo, nada más exacto para simbolizar una realidad cientÃfica irrefutable: la atmósfera terrestre, en sus primeras etapas de formación, estaba tan cargada de vapores densos y opacos que no permitÃan percibir el Sol desde la Tierra, por lo tanto, era como si el Sol no existiera. La temperatura del planeta recién comenzó a depender de la influencia del calor solar cuando éste pudo atravesar la atmósfera terrestre.
La creación del hombre
Moisés relata en el Génesis BÃblico que Dios formó al hombre con el barro de la tierra. En términos estrictamente cientÃficos esto no es asÃ, pero para quienes defienden la compatibilidad de la Biblia con la ciencia, esto es una alegorÃa que describe la materia inorgánica, plena de minerales terrestres que constituye nuestro cuerpo fÃsico.
Conclusión
Pese a lo elocuente de los ejemplos, es un tanto temerario postular una solución de continuidad entre los textos bÃblicos y las teorÃas cientÃficas. No sólo porque carecen de rigor, sino además, porque implican una lectura caprichosa y forzada del Libro Sagrado. Esa forma de interpretar la Biblia, lleva a todo tipo de excesos. Hay quienes han previsto los viajes espaciales, la aparición de extraterrestres, las Guerras Mundiales...
En realidad, hermanar a la ciencia con la religión es una empresa que vale la pena, pero hay que buscar el punto de unión en otro lado. Si queremos pensar que la Biblia está en clave cientÃfica, no sólo resultará difÃcil de demostrar, sino que habrÃa que preguntarse si es una tarea que vale la pena. En cambio, sà serÃa provechoso que la ciencia se planteara objetivos espirituales y humanitarios, orientados al bien de todos los hombres.