La rebeldÃa es una de las señas de identidad de la adolescencia. Esa caracterÃstica de enfrentarse a todo y a todos puede tener aspectos positivos para la vida de nuestros hijos adolescentes si sabemos encauzarla bien. Pero, a la vez, la necesidad que tienen los adolescentes de desafiar todas las normas provoca, con mucha frecuencia, enfrentamientos con sus padres.
Dejar pasar los enfrentamientos menos importantes
Un buen consejo es que los padres dejen pasar los enfretamientos que no tienen importancia para la educación o para la seguridad de sus hijos. Aunque esos padres opinen que la moda que le gusta a su hijo o hija es horrible, quizá es más efectivo no pelearse con ellos para cambiar sus gustos. No sólo eso, siempre que esa moda no provoque ningún problema, es bueno que ellos sean los que definan su imagen.
Pero muchas veces los padres no saben realmente cómo actuar ante estas situaciones. Tienen la sensación de que es imposible parar ya la bola de nieve en la que se ha convertido el carácter desafiante de su hijo o hija.
En estas situaciones, es bueno que los padres sigan una serie de pasos:
No tener miedo. Deben abandonar todos sus miedos, el miedo a hacerlo mal, el miedo a que más tarde el hijo o hija les reproche algo, el miedo a la culpabilidad. Deben pensar que ellos son adultos serenos y responsables del bienestar de sus hijos y que ejercen ese papel lo mejor que saben. Asegurarse de que las normas están claras. Hay veces que los padres creen que los hijos han entendido perfectamente lo que se le pide y no es asÃ. Por ejemplo si le decimos a un adolescente que se ocupe de un hermano pequeño, puede creer que lo que queremos es que eche un vistazo a ver cómo está cada hora. Pero si lo que queremos es que juegue con su hermano o le ayude a hacer la tarea escolar debemos especificarlo claramente. De la misma forma, si le decimos que recoja su habitación puede que nosotros no tengamos el mismo concepto de lo que es recoger asà que es una buena idea detallar exactamente lo que esperamos. Quizá, sobre todo para las normas generales: ayuda en la casa, comportamiento en la escuela y horarios, podemos establecer un contrato detallado con el adolescente en el que se especifique claramente todo.
Imponer castigos ajustados a las faltas. No improvisar los castigos en un momento de enfado es uno de los mejores consejos. En esos momentos los padres suelen ser poco justos y los resultados pueden ser muy negativos. Es mucho más práctico que los castigos por incumplir las normas se dejen claros al mismo tiempo que se negocien estas. El mismo contrato que nos sirve para explicarles bien a los adolescentes las reglas que tienen que cumplir nor sirve para detallar los castigos a los que se enfrentan si las incumplen.