Al principio sólo puntos luminosos, luego aparecen rostros, cuadros de la naturaleza, objetos como en sueños, en aquellos instantes de transición que existe entre la vigilia y el sueño. Las primeras percepciones clarividentes levantan el entusiasmo del discÃpulo. Estas percepciones le están demostrando que sus poderes internos están entrando en actividad.
Las manchas luminosas, los cuadros de luz, las figuras vivientes, los sonidos de campanas, las voces de personas o de animales, etc., indican con exactitud que el estudiante está progresando en el desarrollo de sus poderes internos. Todas esas percepciones aparecen en instantes en que sumergidos en profunda meditación, nos hallamos adormecidos.
MuchÃsimas clases de luces comienzan a aparecer con la práctica de la meditación interna. Al principio el devoto percibe luces blancas y muy brillantes. Esas luces corresponden al ojo de la sabidurÃa, el cual se halla situado en el entrecejo… Las luces blancas, amarillas, rojas, azules, verdes, asà como los relámpagos, el sol, la luna, las estrellas, las chispas, las llamas, etc., son partÃculas formadas de elementos suprasensibles (PartÃculas Tanmatricas).
El devoto que ha comenzado a tener las primeras percepciones de los mundos superiores debe ser al principio como un jardÃn sellado con siete sellos. Aquellos que andan contándole a otros todo lo que ven y oyen, fracasan en estos estudios porque se les cierran las puertas de los mundos superiores.
Uno de los peligros más graves que asaltan al devoto, es la vanidad y el orgullo. Muchos estudiantes se llenan de orgullo y vanidad cuando comienzan a percibir la realidad de los mundos suprasensibles, entonces se autocalifican como Maestros, y sin haber logrado el pleno desarrollo de sus poderes internos, comienzan a juzgar a los demás erróneamente, fundamentados en sus incompletas percepciones clarividentes.
El resultado de este proceder equivocado, es que el devoto se echa entonces mucho Karma encima porque se convierte en calumniador del prójimo y llena entonces el mundo de lágrimas y dolor. El estudiante que ha tenido las primeras percepciones clarividentes debe ser como un jardÃn sellado con siete sellos, hasta que su Maestro interno lo inicie en los grandes Misterios y le de orden de hablar.