Fluir con la vida en vez de tratar de forzar las cosas
Tal vez te ha pasado alguna vez que has luchado con todas tus fuerzas por conseguir algo, lo has intentado de todos los modos que se te han ocurrido, has perseverado durante meses o incluso años y, a pesar de todo el esfuerzo, no has logrado nada.
Otras veces, en cambio, tal vez te ha sucedido todo lo contrario. Aparece una oportunidad en tu vida, sin buscarla ni haber pensado en esa posibilidad, y resulta ser lo mejor que podÃa pasarte en ese momento. ¿Un golpe de suerte?
Es que la vida parece tener su propio plan. Al fin y al cabo, el universo fluye de un modo en el que todos estamos entremezclados, influyéndonos unos a otros. No tenemos un control total sobre las cosas que nos suceden.
Somos como esa persona que se encuentra en medio de una multitud que la arrastra de un lado a otro mientras trata de abrirse paso. Desea llegar a un lugar determinado, pero la multitud la arrastra en dirección contraria. ¿Qué puede hacer entonces?
Si es una persona inteligente, no se empeñará en luchar contra la multitud, sino que se dejará llevar por ella y estará atenta a las oportunidades que le surjan en ese camino no elegido, pues tal vez le traiga algo bueno después de todo. Tras dar algunas vueltas y pasar el tiempo, se da cuenta de que la multitud se está dirigiendo ahora al lugar al que querÃa ir al principio y, con solo un pequeño esfuerzo, llega al fin a su meta.
Entonces se da cuenta de que las vueltas que ha dado también le han servido para algo porque ha sabido aprovecharlas; quizás llega con una mayor preparación a su meta, o quizás llega en un mejor momento, que le permite aprovecharla mejor. O tal vez no; pero sea como sea, lo cierto es que no podÃa hacer otra cosa. Si se hubiera empeñado en avanzar contra la multitud podrÃa haber acabo en el suelo, con unas cuantas magulladuras o un brazo roto. Y si se hubiera dejado arrastrar por la multitud pero de un modo enfurruñado y pasivo, no habrÃa visto las oportunidades que iban apareciendo mientras la multitud (la vida) la arrastraba hacia una dirección imprevista.
La vida no es muy diferente a esta multitud que nos arrastra, porque hay muchos factores que se cruzan en nuestro camino, nos bloquean el paso y nos llevan en otras direcciones: nuestras propias limitaciones, miedos, habilidades, inseguridades; la sociedad y sus normas o convencionalismos; las demás personas, con sus deseos, sus propias metas, sus comportamientos, sus miedos; y quizás también un destino, karma, misión espiritual o como queramos llamarlo.
Todo eso se mezcla y forma una marea que nos arrastra y nos lleva de un lado a otro constantemente. Nos deja en un orilla donde tal vez no está lo que Ãbamos buscando, pero sà otras cosas diferentes. De nosotros depende aprovechar esas otras cosas para algo positivo, o sentarnos a quejarnos y autocompadecernos mientras dejamos pasar oportunidades.
AsÃ, esta marea nos cierra una puerta que deseábamos atravesar con todas nuestras fuerzas, pero nos abre otra diferente.
¿Por qué no seguir entonces el flujo de esta marea que es la vida y entrar por la puerta que tenemos abierta en vez de quedarnos llorando e inmóviles ante la puerta que está cerrada?