El significado de las mentiras
En una ocasión Mark Twain afirmó: “Todo el mundo miente… cada dÃa, cada hora, despierto, dormido, en sus sueños y en sus alegrÃasâ€. Probablemente esta frase nos resultará un tanto exagerada pero son varios los estudios cientÃficos que la confirman.
Un ejemplo es el experimento desarrollado en el reciente 2002 por investigadores de la Universidad de Massachusetts. En este caso se le pidió a las personas que conversasen con un perfecto extraño y, sin que ellos lo supiesen, la conversación estaba siendo grabada. Posteriormente se le pidió a las personas que analizasen la cinta e indicasen las mentiras que habÃan dicho. Se descubrió que un 60% mentÃa aproximadamente cada 10 minutos de conversación. Como dato extra añado que hombres y mujeres mentÃan con igual frecuencia. ¿Por qué lo hacÃan? Esencialmente por dos razones: 1. Para hacer sentir bien a la otra persona y, 2. Para brindar una mejor imagen de ellos mismos.
Otro estudio desarrollado en la Universidad de Carolina del Este en el 1993 mostró que el 92% de los participantes reconocÃa haberle mentido a su anterior pareja sexual. ¿Cuál era la mentira más frecuente? Los hombres solÃan mentir sobre el número de sus parejas sexuales y las mujeres tendÃa a minimizar su experiencia sexual.
Lo interesante es que estos estudios se han basado sólo en las mentiras en el sentido más estricto del término pero en la vida real también mentimos por omisión o exageramos a propósito los hechos para parecer más atrayentes. Por no hablar de todas las expresiones extraverbales que fingimos…
En este punto la pregunta más obvia es: ¿Por qué mentimos?
La respuesta es muy simple: “porque funcionaâ€.
Una de las teorÃas más interesantes para explicar la tendencia a mentir es la hipótesis de la inteligencia maquiavélica. Esta teorÃa sostiene que el desarrollo progresivo de la inteligencia en el mundo animal se debe a la necesidad de desarrollar formas más sofisticadas de engaño y manipulación. Esta hipótesis se aplica igualmente a los seres humanos, afirmando que la complejidad social los ha compulsado cada vez más a refinar los mecanismos de engaño, desarrollando habilidades superiores para negociar y convencer. Esto significarÃa, a grosso modo, que somos mentirosos natos.
Aunque no soy partÃcipe de la teorÃa de la inteligencia maquiavélica, debe reconocerse el papel que desempeña el medio social en la formación de nuestra “faceta mentirosaâ€. Por ejemplo, aunque los educadores le dicen continuamente al niño que no mienta ya que éste es un comportamiento negativo, si le enseñan tácticas sutiles de engaño que le permitirán insertarse adecuadamente en la sociedad. Un ejemplo muy sencillo es cuando regañan al niño porque ha dicho que un regalo de cumpleaños no le gustó, justo delante de la persona que se lo ha regalado. En realidad el niño está siendo sincero al expresar sus emociones pero muy pronto el pequeño aprenderá cuando expresar sus ideas y cuando no. AsÃ, este niño aprenderá que una mentira puede hacer a las otras personas más felices y puede permitirle a él mismo ser mejor aceptado. ¡Entonces comienza el juego!
Son varios los estudios cientÃficos que demuestran que las personas que mienten tienden a obtener mejores trabajos y atraen con más facilidad a las personas del sexo opuesto. De hecho, hace algunos años Feldman demostró que los adolescentes más populares en su escuela también son aquellos que pueden manipular y engañar con mayor facilidad a sus coetáneos.
En resumen, una buena parte de las mentiras cotidianas son un intento de encajar mejor en el cÃrculo social en el cual nos desenvolvemos.
Pero no sólo le mentimos a las otras personas, también nos mentimos a nosotros mismos. ¿Por qué? La respuesta puede venir de la mano de un curiosÃsimo estudio desarrollado en las universidades de Temple y Wisconsin en el 1981 donde se apreció que las personas que se mentÃan a sà misma con más asiduidad eran más felices que quienes tenÃan una perspectiva más realista del mundo.
En este caso los investigadores le pidieron a los participantes en el experimento que probasen suerte con una serie de juegos de azar. No obstante, los resultados verdaderos se manipularon, aumentándose o disminuyéndose las ganancias. Las personas supuestamente sanas tendÃan a vanagloriarse cuando las ganancias habÃan sido artificialmente elevadas mientras que tendÃan a subestimarlas cuando eran demasiado pobres. En palabras de Diderot serÃa: “Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amargaâ€.
Asombrosamente, las personas con tendencia a la depresión evaluaron su verdadera contribución de forma más cuidadosa, percatándose de los aumentos o disminuciones de los resultados. Esta investigación, que después ha sido replicada de diversas formas, ha conducido a la teorÃa de que el autoengaño (en dosis pequeñas y en situaciones no relevantes) nos ayuda a mantener un buen estado de ánimo. En fin, nos mentimos a nosotros mismos para salvar nuestro ego.
No obstante, aún comprendiendo el significado de las mentiras y el rol que éstas juegan en nuestra vida Ãntima y nuestras relaciones sociales, soy de las que apuesto por la verdad. El hecho de que hallamos hecho las cosas siempre de un modo no significa que no existan otras formas de hacerlas, que quizás pueden ser más directas y simples.