Los 7 ladrones de energÃa
Cada dÃa, cuando nos levantemos, tenemos una cantidad limitada de energÃa. Nuestra atención, memoria y percepción son limitadas, de la misma forma en que es limitada nuestra fuerza fÃsica, nuestra motivación e incluso nuestro autocontrol. Sin embargo, hay dÃas en los que llegamos con energÃa hasta el final de la jornada y hay otros en los que nos quedamos sin fuerzas a media mañana. ¿Te ha sucedido?
En esos casos, es probable que estemos siendo vÃctimas de algunos de los “ladrones de energÃaâ€, que no son más que esos malos hábitos que no solo nos hacen perder tiempo sino que también afectan nuestra productividad y nos ponen de mal humor. El problema es que muchos de esos hábitos se activan de manera automática y no nos damos cuenta de que nos roban una energÃa valiosa, que podemos emplear en actividades mucho más productivas o que nos generen una mayor satisfacción.
¿Cuáles son los principales hábitos cotidianos que roban tu energÃa?
1. Las quejas incesantes. Lo hacemos por inercia o simplemente por encontrar un tema de conversación pero lo cierto es que solemos quejarnos por muchas cosas, hasta tal punto que a veces la queja se convierte en una manÃa. Por supuesto, en algunas circunstancias es normal que nos enfademos o que algo nos moleste, sobre todo cuando recibimos una mala noticia. Sin embargo, quejarse por todo implica que solo somos capaces de ver el lado negativo de las cosas. ¿Y quién puede estar lleno de energÃa si adopta una actitud tan pesimista?
Por tanto, la próxima vez que pienses en quejarte, pregúntate si realmente tienes razones o se trata simplemente de un hábito que está robando tu energÃa y tu tiempo miserablemente. Recuerda que quejarse es tan inútil como una danza india para llamar la lluvia, en su lugar, cambia lo que puedes cambiar y aprende a pasar página si no puedes hacer nada.
2. Los recordatorios mentales. A primera vista puede parecer extraño pero obligarnos a recordar decenas de microtareas a lo largo del dÃa es uno de los principales ladrones de energÃa. De hecho, hay pocas cosas que causen más estrés y frustración que las tareas pendientes. Además, también nos obligamos a repasarlas continuamente para no olvidarlas, como si fuera un disco que gira al infinito durante toda la jornada. Y eso, cuanto menos, es agotador.
Por consiguiente, toma lápiz y papel y escribe todo lo que debes hacer en el dÃa. Una vez que hayas programado la jornada, limpia tu mente. Te darás cuenta de que estabas derrochando una cantidad de energÃa descomunal. Y lo que es aún mejor, te sentirás mucho más relajado y con más energÃas.
3. La falta de jerarquización. No se trata de convertirse en un autómata pero si no planificamos y jerarquizamos las diferentes tareas que debemos desarrollar en el trabajo y fuera de este, terminaremos olvidándolas, postergándolas o bloqueándonos. La costumbre de improvisar sobre la marcha, a la postre, no es beneficiosa sino que nos lleva contra las cuerdas, nos agota fÃsica y mentalmente y va en contra de la productividad.
Por eso, es conveniente que planifiques tu agenda con cuidado, incluyendo todas las tareas más importantes de la jornada. Planificar ahora, te ahorrará energÃa mental más tarde y te permitirá hacer más cosas en menos tiempo. Recuerda que cuando no jerarquizas, corres el riesgo de darle importancia a tareas irrelevantes y al final de la jornada, te darás cuenta de que has desperdiciado inútilmente tu energÃa, mientras que las tareas importantes aún están pendientes.
4. El desorden. En realidad, la desorganización no es un problema hasta que no tienes que buscar algo. Entonces no solo pierdes un tiempo precioso poniendo patas arriba una habitación sino que comienzas a sentir cómo la frustración y el estrés van creciendo en tu interior. Y una vez que te has llenado de esas emociones negativas, es difÃcil volver a concentrarse o mantener una conversación sin irritarse.
Por tanto, intenta que cada cosa esté en su lugar. El tiempo que inviertes hoy, es tiempo ganado mañana. Haz del orden una máxima de vida y aplÃcala en tu hogar, oficina e incluso en la información que guardas en el ordenador.
5. La indecisión permanente. Es normal que cuando tengamos que tomar decisiones importantes, aparezcan las dudas y queramos más tiempo para pensar, pero a lo largo del dÃa tomamos cientos de pequeñas decisiones que no nos pueden llevar más que pocos segundos o minutos de reflexión. La indecisión permanente es un gran ladrón de energÃa porque nos obliga a pensar en escenarios que probablemente nunca ocurrirán y nos sume en un estado de incertidumbre y caos que termina agotándonos.
Por eso, intenta librarte de todas esas pequeñas “batallas internasâ€. Concientiza el hecho de que no siempre puedes tener todos los datos para tomar la mejor decisión y es probable que a veces te equivoques, pero no pasa nada. Es aún peor no decidir, dejarse llevar por las circunstancias o gastar una energÃa preciosa decidiendo sobre algo intrascendente.
6. Los vampiros emocionales. Hay personas negativas que actúan como verdaderos vampiros emocionales y nos roban nuestra energÃa. Sin darnos cuenta, estas personas nos contagian su negatividad y nos pasan sus problemas. De esta forma, antes de que nos demos cuenta, vamos perdiendo energÃa. En muchas ocasiones esto sucede porque no sabemos establecer lÃmites claros en las relaciones interpersonales.
No caigas en las redes de las personas negativas, sé consciente de que pasar tiempo con ellas tiene un precio muy alto, psicológicamente hablando, porque tendrás que estar a la defensiva todo el tiempo. Por eso, lo mejor es que dejes claro desde el principio qué esperas de esa relación y qué puedes dar a cambio. No permitas que rebasen tus lÃmites y te contagien su negatividad manipulando tus emociones.
7. El perfeccionismo. Hay pocas cosas que roban tanta energÃa como el afán de que algo sea perfecto. Es cierto que la dejadez no es buena consejera y que es recomendable esmerarse en cada proyecto que emprendemos pero el perfeccionismo a veces se convierte en un agujero negro que succiona nuestro tiempo y energÃa. De hecho, el perfeccionismo nos hace más lentos e ineficientes, nos llena de dudas y nos bloquea, generando una sensación de agobio creciente.
Sin embargo, hay muchas tareas de la vida cotidiana que no tienen que ser perfectas, basta con que sean hechas. Intenta detenerte antes de caer en el perfeccionismo patológico y obsesionarte. Establece tus propios lÃmites para las diferentes tareas y determina cuáles son los pasos o las “imperfecciones†que te puedes permitir.